La compleja corrupción
Porque la corrupción es tan compleja que ni siquiera la tenemos bien identificada y, sin embargo, ha invadido la mayoría de nuestras actividades sociales, desvirtuándolas, o sea quitándoles lo que pudieran haber tenido de virtud.Por eso es muy relevante que hoy esté comenzando en Santa Cruz...
Porque la corrupción es tan compleja que ni siquiera la tenemos bien identificada y, sin embargo, ha invadido la mayoría de nuestras actividades sociales, desvirtuándolas, o sea quitándoles lo que pudieran haber tenido de virtud.Por eso es muy relevante que hoy esté comenzando en Santa Cruz una Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe, CELAC, que específicamente se dedicará al tema de la corrupción.Por supuesto que no será fácil aprobar conclusiones y tomar decisiones en ese evento, porque el concepto mismo de lo que es corrupción difiere dependiendo del país o la jurisdicción, porque algunas prácticas políticas pueden ser legales en un lugar e ilegales en otros. Además, aunque la corrupción, según una definición básica es (Sayed y Bruce (1998) “el mal uso o el abuso del poder público para beneficio personal y privado”, entendiendo que este fenómeno no se limita a los funcionarios públicos, pero vamos a concentrarnos, por ahora, en ellos.En Bolivia tenemos ya, después de haberla esperado mucho, una ley específica (la ley Quiroga Santa Cruz), para combatir el enriquecimiento ilícito, que es un efecto obvio de la corrupción de funcionarios públicos, generalmente más grave cuanto mayor es su jerarquía.Pero, para juzgar esos casos, hay que tener a los acusados presentes y aplicar procedimientos judiciales, que pueden, además, contaminarse por vicios o defectos de jueces, fiscales y abogados, a eso, que aquí llamamos “chicana” habría que identificarla también como corrupción. Pero vamos a esperar lo que hagan en Santa Cruz en el evento mencionado, antes de opinar, en forma prematura y, por eso, dediquémosle el resto del comentario de hoy a esos que evaden la justicia yéndose a otro país. Suelen ser corruptos, pero ya dijimos que no prejuzgaremos.Aludiremos, por eso, a la obra de un premio Nobel, Gabriel García Márquez, quien, en “El otoño del patriarca” nos contó que en ese reino miserable de ese patriarca, había un refugio para gobernantes “derrocados”. Una especie de paraíso fiscal, pero para personas, no para dinero.Sin ánimo de ofenderlos, los estamentos judiciales de NuestraAmérica (no solo los de Bolivia, sino los de varios países), tienen problemas para juzgar a esos que son prófugos, aunque prefieran ellos mismos considerarse “asilados políticos”.No esperamos que los funcionarios en la cumbre de CELAC cambien esa situación, porque el “patriarca”, en esta ocasión, aunque es tan decadente como el de García Márquez (hablamos del gobierno estadounidense) todavía tiene mucho poder.Pero no hay poder que no se acabe, no hay impunidad eterna, en algún momento, a pesar de su complejidad, la corrupción tendrá que ser juzgada en forma oportuna y apropiada y por eso confiamos en la CELAC.Estaremos pendientes de lo que allí hagan.


