La renuncia de un aliado que no sorprende
La noticia ha dejado un reguero de interpretaciones y tesis políticas de diversa índole. Desde la guerra en Siria, las negociaciones con Irán, el Medio Oriente y el descalabro de la política exterior de la Alianza Transatlántica en esa región, son abordados por las señales políticas que...
La noticia ha dejado un reguero de interpretaciones y tesis políticas de diversa índole. Desde la guerra en Siria, las negociaciones con Irán, el Medio Oriente y el descalabro de la política exterior de la Alianza Transatlántica en esa región, son abordados por las señales políticas que inspira una monarquía que no se ha desarrollado como estado propiamente tal y ha crecido políticamente como una pieza clave del dominio de esa alianza en la región.La postura diplomática Saudí es desproporcionada respecto a su rol en mantener la paz en la región porque ha sido la nación que más ha contribuido (con Qatar, Israel y Turquía) en el plano financiero y operativo en el proyecto de derrocar al gobierno en Siria. La gestión resultó en una guerra entre un estado, el sirio, y una fuerza multinacional de combate operando principalmente con la subcontratación de la actividad terrorista. El dinero Saudí así como el de Qatar ha sido el principal causal de que el conflicto Sirio se haya prolongado todo este período.Si el Consejo de Seguridad tuviera alguna relevancia en analizar y tomar medidas respecto al desarrollo de una fuerza multinacional terrorista compuesta por más de 50 nacionalidades para derrocar al gobierno en Siria, Arabia Saudita habría sido un miembro en una situación compleja por los conflictos de interés.Dinero, religión y armamentismo no definen a Arabia Saudita como un estado aunque así aparezca en las enciclopedias o los informes del Banco Mundial. Así como Israel ha sido una creación de los dividendos mal o bien concebidos de la segunda guerra mundial, Arabia Saudita es una emergencia generada en parte por la inanición de una actividad política inteligente y con menos vocación de poder de las potencias vencedoras de ese conflicto bélico.Arabia Saudita existe fundamentalmente por la riqueza que produce su petróleo, sin embargo funciona como estado por su propia inercia para mantener el sistema monárquico y su influencia internacional corre por cuenta de una alta complicidad de las potencias coloniales tradicionales europeas y por los pactos de la guerra fría. Si existe un país que no debería ocupar un puesto en ese Consejo, -por mucha disfunción que se observe en este órgano clave de la ONU-, ese el Reino Saudí. El derecho internacional como el marco normativo de cortesía que es, permite que en Arabia Saudita se violen permanentemente los derechos humanos y la mayor parte de las libertades fundamentales.El Reino Saudí anunció que renunciaba en un comunicado de su ministerio de asuntos exteriores con un grado visible de jactancia y oportunismo. Criticó al Consejo de Seguridad como una instancia que aplica un doble estándar al no permitir el derrocamiento del presidente de Siria y al mismo tiempo por no contribuir a la solución de los problemas que afectan al estado palestino. La cancillería saudí se refirió a la “doble moral” del organismo, siendo que la doble moral la ha practicado por más de dos años al estar financiando el derrocamiento del gobierno Sirio con la colaboración de la actividad terrorista que el propio régimen Wahabí ha sustentado.Su participación en el consejo de Seguridad habría sido una fuente de tensión adicional y no habría contribuido lograr acuerdos hacia la paz regional. Su contribución a la causa palestina ha sido oportunista, así como una artificial disputa regional con Irán. En las decisiones fundamentales para acceder a mayores cuotas de influencia en la región Arabia Saudí ha debido formar alianza con Israel, como lo demuestra el empeño conjunto para atacar Siria, debilitando su argumento de apoyar la creación del estado palestino. Esta alianza con Israel está bien documentada en “The Redirection”, un trabajo de Seymour Hersh del 7 de Marzo de 2007, originalmente publicado por The New Yorker, aunque con amplia difusión en la WEB.Arabia Saudita no ha actuado en política internacional por una dinámica de procesos políticos domésticos liberadores o de estar participando en la democratización en la región. Tiene aliados fundamentales en Estados Unidos y los países centrales de la Alianza Transatlántica para el control de la región. Es ya un cliché afirmar que la guerra fría no ha terminado en el arco geográfico del planeta que se extiende desde Mauritania hasta Afganistán. Como zona de influencia para las grandes potencias y para las corporaciones transnacionales de esas grandes potencias, esa inmensa zona, extremadamente rica en recursos físicos y humanos insuficientemente explotados en beneficio de la globalización ha sido un bocado inasible para el gran capital internacional.Como aliado transatlántico en esa amplia región del norte de África, Asia Menor y Asia Central, Arabia Saudita ha sido quizás para la Alianza Transatlántica un socio más crucial que Israel por el poder del capital y su influencia cultural a través de la religión. Su poderío no ha sido vociferante o expansivo, sin embargo ha sido extremadamente eficiente en el uso de su capacidad económica y política en buscar alianzas en los sectores más conservadores de las potencias coloniales tradicionales y las fortalecidas después de la segunda guerra mundial.Su disputa por la supremacía política y religiosa en la región con Irán es una pantalla. Lo que está en juego es la propia subsistencia de un aliado esencial de la Alianza Transatlántica en el control y dominio de esa zona. Israel falló tanto como estado militar y como estado político de gran influencia. Turquía no pudo superar su dualidad de ser el miembro más asiático es islámico de la OTAN y no tenía ni tiene posibilidad de convertirse en un aliado confiable para esa alianza, menos de convertirse en un poder subrogante para occidente.Las cartas están echadas. Con las experiencias en Irak, ahora en Siria e Irán, a la Alianza Transatlántica no le queda más alternativa que dar por superada la guerra fría en esa zona. Irak fue el primer detonante. Siria ahora ha sido el segundo.La guerra en Siria actúa como la caída del muro de Berlín respecto a expansión soviética. Aunque opera al revés. Es la caída del muro de la Alianza Transatlántica encarnado en países como Arabia Saudita, Turquía, Israel que han conducido sus asuntos domésticos como internacionales como partes de esta alianza en detrimento del progreso autónomo de la región. Siria ha sido una línea de resistencia y gradualmente este papel comienza a ser valorado por los equilibrios políticos y culturales en la región y por el bien de la humanidad. Muchos se han equivocado muchas veces en política internacional, aunque nunca tanto como en el caso de Siria. Arabia Saudita resulta ser responsable de sus propios errores aunque ha estado incitada a cometerlos y esta devastadora guerra en Siria así lo ha demostrado.


