En este 12 de octubre
Muchos identificamos a Latinoamérica como un continente mestizo, pues el término mestizo ha recuperado dignidad porque ya no está asociado a la odiosa palabra “raza”, sino a las etnias o grupos humanos diferenciados por razones culturales.Por eso, “nuestro continente”, o sea...
Muchos identificamos a Latinoamérica como un continente mestizo, pues el término mestizo ha recuperado dignidad porque ya no está asociado a la odiosa palabra “raza”, sino a las etnias o grupos humanos diferenciados por razones culturales.Por eso, “nuestro continente”, o sea Latinoamérica, se suele identificar como un continente mestizo y en algunos países, como en el Ecuador, (no en el nuestro, lamentablemente) es interesante esa auto identificación y reconocimiento del mestizaje.Sigamos con lo del Ecuador: Allí, hace dos años, se realizó un censo y la auto identificación de la población muestra datos muy interesantes. El 71,9 por ciento de los ecuatorianos, es decir caso 8 de cada diez, se identifican como mestizos.En contrapartida, solamente el 7 por ciento de los ecuatorianos, es decir, solamente 7 de cada cien, se identificaron como “indígenas” y todos sabemos que también en el Ecuador, como aquí, la población de origen quechua es numerosa.Este tema continuará provocando debates, y en algunos casos debates muy agrios, hasta cuando todos reconozcamos nuestra nueva identidad, o sea personas que hacemos parte de una nueva patria, una Patria Grande. Por eso es muy importante que la integración no sea imaginada como una cuestión de aranceles aduaneros y otras arandelas del comercio entre naciones, sino como una realidad sociocultural que nos cobija y nos compete a todos.Y el 12 de octubre puede comenzar a ser, entonces, una fecha sin esas connotaciones colonialistas y racistas que tuvo durante tanto tiempo, sino como el momento fundacional de lo que pronto llegará a ser, efectivamente, la Patria Grande.La evolución cultural es lenta, por supuesto, pero es posible si para conseguirla actúan todas las fuerzas potenciales que tiene una sociedad y para eso, reiteramos, resultan insuficientes los diplomáticos y sus equivalentes en las burocracias gubernamentales.No podemos terminar sin hacer una alusión, aunque sea pasajera, a una de las mejores películas de nuestro compatriota Jorge Sanjinés, “Sangre de Cóndor”, en la cual el apelativo “indio” se utilizabas como ofensa. Hoy, podemos asegurar que es un elogio.Quizás, dentro de algunos años, suceda lo mismo con nuestro mestizaje, será un motivo de orgullo reconocerlo y pregonarlo. Lo único que deseamos es que esos años no sean demasiados, para que podamos sentirlos también quienes alguna vez llamamos al 12 de octubre “Día de la Raza”.El proceso está marcha y es imposible de frenar o de revertir. Tenemos en la conciencia ese espíritu bolivariano que nos inspira y que han sabido mantener vivo Manuel Ugarte, Jorge Abelardo Ramos, Miguel Ángel Barrios y muchos latinoamericanos más.Cuando se consolide la integración, todos esos precursores de la unidad de nuestros países, tendrán el reconocimiento pleno de esta nueva sociedad que paso a paso, día tras día, estamos entre todos construyendo.


