España de la indignación a la amargura

El país va a tener que asumir que la corrupción y el caciquismo político son formas de gobierno y han tomado carta de naturaleza entre nosotros.Hay precedentes que lo avalan. La mayoría de los votantes que propiciaron la mayoría absoluta del partido en el gobierno ya tenían claros indicios...

El país va a tener que asumir que la corrupción y el caciquismo político son formas de gobierno y han tomado carta de naturaleza entre nosotros.Hay precedentes que lo avalan. La mayoría de los votantes que propiciaron la mayoría absoluta del partido en el gobierno ya tenían claros indicios de corrupción en casos escandalosos: Naseiro, Camps, Fabra... Su gravedad y el cinismo de los protagonistas eran lo suficientemente graves, moral y éticamente, como para no respaldar en las urnas a semejantes villanos. Sin embargo millones de votantes les premiaron. En estas condiciones es muy difícil no culpar a una cuarta parte de España de la situación que padecemos. Ellos son la causa de la causa. Por esto, primero tiene que cambiar el carácter y sensibilidad de la ciudadanía. Sólo luego se verán los efectos.Sólo cuando madure esa España irresponsable el país habrá entrado en la democracia. Mientras tanto la corrupción seguirá reinando y gobernando, en gran medida porque los tribunales juzgadores la protegen con astucias. Lo dicho, la indignación progresiva que provoca todo esto, no puede desembocar más que en sublevación. Pero si la indignación se frustra, si la indignación no se resuelve en sublevación, se convierte en amargura. Y como la aquella no es probable, cada día se perciben en la calle más torrentes de amargura que van al encuentro con la depresión psicológica y económica o a fundirse con ellas. Así entran las naciones en la decadencia...


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