Francisco y la juventud
Antes de su conversión y de que el Altísimo le revelara cómo tenía que vivir, Francisco era el rey de los acontecimientos juveniles mundanos, porque su padre era un acaudalado mercader o negociante de telas y no le faltaba el dinero, por lo que sus amigos - tanto auténticos como, sobre...
Antes de su conversión y de que el Altísimo le revelara cómo tenía que vivir, Francisco era el rey de los acontecimientos juveniles mundanos, porque su padre era un acaudalado mercader o negociante de telas y no le faltaba el dinero, por lo que sus amigos - tanto auténticos como, sobre todo, aprovechadores, vividores y oportunistas - se le acercan a Francisco, lo buscan y le revolotean como moscas detrás de la miel, para organizar las fiestas, las parrandas, como lo hacen hoy en día la mayoría de los jóvenes, especialmente los “hijitos de papá” que se pasean en movilidades de todo modelo, con los parlantes a todo volumen, yendo a karaoques y a otros lugares que sólo ellos saben, malgastando el dinero ganado honestamente con el sudor de la frente de algunos papás, y, de otros, ganado ilícitamente por lo que no les importa que sea derrochado. ¿Y en qué establecimientos educativos estudian? ¿En particulares o fiscales? ¿En universidades privadas o estatales? Lo peor es que, estos jovenzuelos mal encaminados, contagian a otros adolescentes y jóvenes, y, de esta manera, nuestra sociedad va perforando sus cimientos que deberían ser de hormigón armado, con principios y valores. Pero los mismos papás tienen su cuota parte y no saben asumir su gran responsabilidad, a parte que la sociedad en su conjunto tiene su respectiva corresponsabilidad. Sin embargo, hay también adolescentes y jóvenes que, juntamente a sus papás y a significativos sectores de la sociedad, están luchando por vivir sus ideales, cueste lo que les cueste, como lo vivió San Francisco de Asís. Efectivamente, Francisco de Asís, luego que descubrió su misión siguió siendo el centro de atención de la sociedad de ése entonces, pero esta vez ya no para arruinarse y perder su tiempo ni para perjudicar a los demás, sino para engrandecer su espíritu elevándolo a esferas superiores de plenitud y felicidad y alegrarse en profundidad, como Dios manda. Como todo joven, soñaba con los ojos abiertos, pero cuando Dios sedujo su corazón y él se dejó seducir, todo lo mundano, lo humano y finito se proyectó hacia lo divino e infinito. Hoy, juventud parece que significara frustración y desilusión constante. No se sabe lo que se quiere, ni hay un futuro concreto por delante. Cuántos aplazados en los colegios y universidades. El vacío y la mediocridad parece que se compensaran con los falsos amigos, con el cigarrillo, la droga, la música eufórica y deprimente, y hasta con el suicidio. Existe un hastío y una actitud de rebeldía a todo lo que es disciplina, estructura, autoridad: hay rebeldes sin causa y hogares destruidos sin pausa. Hay una incomprensión única en los hogares; acusación mutua entre padres e hijos; divorcios a granel y no hay instancias ni instituciones a la altura de estos desafíos. Ni qué decir de los medios de comunicación: vacíos en sus contenidos comunicacionales que no pasan de la simple conflictividad informativa.Que el AMOR y la VERDAD inquieten las mentes y los corazones de nuestros adolescentes y jóvenes en modo tal que, guiados por Francisco de Asís, apoyados empática y productivamente por sus papás y por la sociedad en su conjunto, hagamos de nuestro espacio vital una razón digna para vivir con fe en una constante primavera.


