De gripes y pulmonías

Nos lamentábamos, ayer nomás, de la contaminación petrolera que está amenazando la vida misma del mar Caribe, cuando una pequeña nota de prensa nos recordó que nuestro rio Pilcomayo está también seriamente contaminado.La información periodística, breve y relativamente modesta, que la...

Nos lamentábamos, ayer nomás, de la contaminación petrolera que está amenazando la vida misma del mar Caribe, cuando una pequeña nota de prensa nos recordó que nuestro rio Pilcomayo está también seriamente contaminado.La información periodística, breve y relativamente modesta, que la vimos solamente como despacho de una agencia de prensa, decía que el gobernador de Potosí, Félix Gonzales, calificó como “de magnitud” la contaminación que se registra en el río Pilcomayo. “Producto de la contaminación, los pobladores del sudoeste de Potosí fueron desalojando paulatinamente esa región y las familias migraron al norte argentino y a otros departamentos del país, abandonando así la producción de frutas y otros comestibles” dijo Gonzáles. Ningún boliviano y especialmente ningún tarijeño debería ignorar dónde está y cuánto valor tiene el rio Pilcomayo, pero como sabemos que a veces lo más importante se ignora, recordémoslo desde aquí.El río Pilcomayo es un río de montaña y llanuras, cuyas fuentes se encuentran en las cordilleras orientales del Altiplano boliviano señalando luego los límites entre las regiones del Chaco Boreal, al norte, y el Chaco Central, al sur.A lo largo del siglo XX, y especialmente a finales del mismo, el río se ha visto muy afectado por la contaminación provocada por el vertido de escorias mineras y efluentes semi-cloacales en la zona andina de Bolivia, en el departamento de Potosí, afectando las zonas aguas abajo, en especial la zona del Chaco boliviano al sur del país, mientras que las aguas de su curso medio casi han desaparecido debido a los desvíos artificiales de agua hacia el Chaco Boreal.El mayor contaminante para estas y para otras aguas, es la minería, cuyos desechos fatalmente llegan a los ríos porque no siempre existe la fiscalización que deberían realizar las autoridades gubernamentales.El problema no es sólo boliviano, porque hace poco se reunieron delegados de países de la región para precisamente ocuparse del mejor aprovechamiento de los recursos naturales, los mineros, principalmente. No hemos conocido aún resultados efectivos de esa reunión.Pero hay otros actores, por ejemplo las redes sociales que, por su cuenta y generalmente con muy pocos recursos ya han proclamado al próximo 22 de julio como “Día Internacional contra la minería contaminante”.El rio Pilcomayo, “nuestro” rio Pilcomayo debería ser objetivo central de esos intereses proteccionistas, que ojalá no se contaminen también de fundamentalismos ecologistas, a veces más peligrosos que los residuos minerales o cloacales.Estaremos pendientes, entonces, de lo que se diga y se haga el lunes 22, que es “el día”, pero continuaremos luego con el tema, porque hay mucho que falta por hacer, y no solo en favor de ese querido rio, sino de todas las aguas, ahora amenazadas, además, por el altamente contaminante método del fracking para obtener hidrocarburos “de esquisto”.


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