Barack Obama en la ruta de George W. Bush
Al inicio, como la guerra contra el ejército Iraquí fue “corta y dulce”, la exitosa operación hizo concluir que se estaba consolidando un “Nuevo Orden Mundial”, el que George H. W. Bush (padre), intentó imponer con su guerra del Golfo en 1991 y que terminó siendo un esbozo:...
Al inicio, como la guerra contra el ejército Iraquí fue “corta y dulce”, la exitosa operación hizo concluir que se estaba consolidando un “Nuevo Orden Mundial”, el que George H. W. Bush (padre), intentó imponer con su guerra del Golfo en 1991 y que terminó siendo un esbozo: inaugurar en el Medio Oriente el carácter que tendrá el nuevo orden mundial. La administración de G. W. Bush consideraba dar ese mismo año un golpe “preventivo” contra Siria, maniobra que le permitiría estrenar una nueva alianza occidental que contaría con el consentimiento de una renovada ONU. Está suficientemente documentado que el derrocamiento de Saddam Hussein fue decidido no solo para asegurar los recursos energéticos que requiere la economía estadounidense, sino también para dar una fuerte señal política: la seguridad global comienza por las finanzas y las armas están al servicio del dinero.Con la actual intervención extranjera en Siria no es diferente. En la agenda de su viaje por África destaca la explicación de por qué es importante apoyar con armamento a la oposición en Siria para derrocar el gobierno y conseguir más aliados para este objetivo. . En África esta operación es muy compleja porque el terrorismo de redes que golpea a Siria ha llegado al África sub-sahariana y la Unión Africana está dividida respecto a la intervención extranjera en Siria. África misma está y ha estado sujeta a la intervención extranjera, sin entrar a evaluar los estragos de un proceso de descolonización, dependiente y condicionado al ejercicio del clientelismo de las potencias del color que sea.El presidente de Estados Unidos tiene claro que si los esfuerzos por pacificar el Medio Oriente, Irak, y Afganistán no prosperan, la paz mundial continuará con una fragilidad en ascenso. África está especialmente afectada por geografía, cultura y religión, con una voluminosa población islámica de aproximadamente 422,000. 000, (40. 84%).Así como el test de Irak 2003 a la larga falló rotundamente, Barack Obama intenta que el test de Siria 2013 no falle en el sentido pretendido por Estados Unidos: derrocar al presidente Bashar Al Assad y constatar que el mundo no se viene abajo. Es lo que seguramente el presidente de Estados Unidos explicará a los jefes de estado en África. En este sentido la política exterior de Estados Unidos es monocorde y se ajusta a los planes de dominación y hegemonía. Por lo que se observa y sus resultados, no ha variado un ápice desde el tiempo de mayor tensión durante la guerra fría. La presidencia de Barack Obama ha resultado ser el ejemplo más palpable al haber adoptado finalmente el intervencionismo abierto con la aprobación del envío de armas a la oposición en Siria.Es la continuidad de la “Doctrina Bush” que consistía en una transformación radical del Medio Oriente. La idea es convertirlo en una zona previsible para los intereses transatlánticos y por qué no, de futuras alianzas. Al apoyar la intervención en Siria, así lo han demostrado las monarquías del Golfo Pérsico, con Qatar y Arabia Saudí en un rol protagónico.Derribar el gobierno Sirio no era ningún misterio desde la revolución Iraní que pone fin al régimen del Sha Mohammed Reza Pehlevi. El posterior desastre de la ocupación en Irak detuvo el ímpetu de la marcha original de Bush y Blair para invadir Siria como la extensión de un puente.El plan ideado para Irak y ahora con Siria, encaja a la perfección en la construcción del nuevo mundo: los recursos del Medio Oriente deben contribuir a la estabilización de la economía mundial, siempre y cuando estén en manos privadas a cargo de las transnacionales. Las únicas que pueden con rapidez y eficiencia hacer llegar los capitales frescos que la globalización requiere.En una reciente encuesta (Gallup, 11 de Junio), G. W. Bush obtiene un 49 % de aprobación pública, 9 puntos más al terminar la presidencia. Es una tendencia que el público revalúe positivamente las gestiones de los ex –presidentes en Estados Unidos. Aun así es sorprendente que con mega errores como las invasiones en Afganistán e Irak, sin resultados concretos en disminución del terrorismo y las tensiones- ahora hay más estadounidenses que tienen una visión positiva de Bush. Particularmente entre los independientes que subió la aprobación en 17 puntos porcentuales.Emular a G. W. Bush en los asuntos del Medio Oriente para el presidente demócrata no es descabellado. Se sitúa en la estrategia adecuada para hacer salir a Estados Unidos del pozo de nudos ciegos al que ha llevado la férrea oposición republicana a cualquier medida que tenga un sello reformador o que provenga de la fábrica intelectual del Obamismo.La política internacional claramente es un espacio donde habrá menos divergencias entre republicanos y demócratas cuando se trata del liderazgo global, eufemismo para no declarar supremacía.


