Autenticidad

Sabemos que nos llamamos cristianos por Cristo, porque somos sus hijos, sus seguidores y estamos bautizados, por lo tanto ese bautismo nos hace hijos de Dios, profetas y reyes.Para responder a la pregunta si somos auténticos cristianos, creo que debemos revisar nuestras actitudes frente a las...

Sabemos que nos llamamos cristianos por Cristo, porque somos sus hijos, sus seguidores y estamos bautizados, por lo tanto ese bautismo nos hace hijos de Dios, profetas y reyes.Para responder a la pregunta si somos auténticos cristianos, creo que debemos revisar nuestras actitudes frente a las diversas circunstancias de nuestra vida.Como seres humanos estamos cargados de nuestra limitación y somos inclinados a buscar la felicidad en el placer y en la comodidad, siendo muchas veces indiferentes ante el sufrimiento de otros, vivimos sin preocuparnos de ser hijos fieles de Dios.Dios no quiere que el hombre sea infeliz,  El nos ha creado para que seamos felices y nos ha rodeado de todo este mundo maravilloso, de una naturaleza que ofrece el rey de la creación: al hombre;  todo su esplendor.Dios no prohíbe al hombre que busque su bienestar, no quiere la tristeza y el dolor para sus hijos, ningún padre quiere el sufrimiento para sus hijos, menos Dios que es un Padre perfecto que sacrificó a su único Hijo en una muerte en cruz por la salvación de la humanidad. ¿Es necesaria otra prueba mas grande para valorar el amor de Dios a los hombres?, ¿y que nos pide a cambio?. Ser fieles a su amor amándolo a El en nuestros hermanos, muchas veces el ansia de poder, de dinero y placeres, nos hace olvidar de nuestro prójimo, y mas aún vemos cómo se pisa al otro, se traiciona, se calumnia, hasta se da muerte por conseguir poder y fortuna.Somos el pueblo de Dios, un pueblo católico en su mayoría pero muchas veces solo llevamos el nombre, porque nuestra vida ha perdido el rumbo, tanto la juventud como los mayores estamos caminando por desvíos y no por el verdadero camino señalado por El Maestro, mas aún nuestros jóvenes buscan la felicidad en las alegrías efímeras y artificiales del alcohol y de la droga, porque delante de ellos no encuentran otro ejemplo, muchas veces en la familia, en la sociedad o en el ambiente que los rodea.Debemos reaccionar; el Señor se hace presente hoy como ayer, y me atrevo a decir que hoy mas que nunca, porque estamos viviendo tiempos muy fuertes; cuando la violencia ha alcanzado porcentajes muy altos, cuando en los hogares los hijos reaccionan contra de sus padres, los padres contra de los hijos; cuando la envidia hace estragos aún entre hermanos, cuando la ambición se convierte en el proyectil que hiere a los otros.Nos hemos olvidado que ni el poder ni el dinero, nos van a dar la felicidad a la que aspiramos, sino una conciencia recta, el saber que somos honestos, el ser conscientes de nuestros errores y tratar de enmendarlos, debemos buscar la justicia, allí encontraremos la paz y esa paz en la conciencia nos permitirá dormir tranquilos y despertar con alegría, con ilusión y esperanza para emprender la aventura de un nuevo día, que estará bendecido por El que nos dijo “La paz os dejo, la paz os doy”.Ojalá que nuestra vida sea un ejemplo, un testimonio que arrastre a los demás y no seamos obstáculo para quienes quieran seguir a Cristo. 


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