Alarma en el vecindario

Los sucesos violentos en nuestro país vecino comenzaron   los primeros días de junio, con una serie de protestas debido al aumento del costo de transporte público en los autobuses y el metro. La nueva tarifa entró en vigor el primero de junio de 2013 lo que desató las protestas.Esta semana...

Los sucesos violentos en nuestro país vecino comenzaron   los primeros días de junio, con una serie de protestas debido al aumento del costo de transporte público en los autobuses y el metro. La nueva tarifa entró en vigor el primero de junio de 2013 lo que desató las protestas.Esta semana las protestas se extendieron a más de 100 ciudades de todo el país para reunir al menos un millón de personas y afectaron la capital federal, Brasilia, Sao Paulo, Río de Janeiro, Manaos y Belo Horizonte entre otros lugares.El desarrollo de los acontecimientos es imprevisible, pero anteayer, viernes, la presidenta Dilma Rousseff, emitió un mensaje televisado en todas las cadenas del país en el que volvió a tender la mano a los manifestantes pacíficos, pero aclaró que no transigirá con la violencia. Rousseff anunció que iba a convocar a los gobernadores y alcaldes de las principales ciudades y a los representantes de los poderes del Estado para negociar un gran pacto de servicios públicos. Por lo pronto, ya se anunció, también, que era posible que se cancelara una visita programada del Papa al Brasil y, por supuesto, se ciernen sombras sobre el tan publicitado campeonato mundial de futbol, previsto en Brasil para el próximo año.Es que el Brasil, así como tiene ostensible desarrollo en algunas áreas de su economía y en algunos lugares de su vasto territorio, tiene también pobreza y miseria inocultables, lo que convierte las brechas sociales en peligroso caldo de cultivo para la violencia.Recordamos que, por eso, alguien dijo que en el Brasil coexisten dos mundos, uno parecido a Bélgica y otro más bien a la India. “Belindia” llamaron a ese paradójico lugar imaginario.Actualmente Brasil es, sin duda, uno de los principales protagonistas de la integración sudamericana y para liderizarla tendrá que atenuar, primero, la crítica situación de quienes como los millones de brasileños  “sin tierra” carecen de lo elemental, que unos cuantos acaparan en forma de inmensos latifundios, principalmente para la producción de soya transgénica.En el Brasil, como lo analizara Johan Galtung, es peligroso que se sienta la violencia estructural, porque dado el tamaño y la importancia geopolítica del país, los resultados serían imprevisibles. Y Por eso también nosotros esperamos que Dilma Rousseff salga bien de esta dura prueba.Y aunque  es probable que algunos lo consideren descabellado, situaciones como las de Brasil, Turquía, Siria y otras donde también se está incubando violencia deberían ponernos a todos a reflexionar y a tomar previsiones, porque nos guste o no estamos “globalizados”.Sería absurdo, a esta altura, convertirse en meros opositores de la globalización, porque es un hecho irreversible, pero es también oportuno imaginar formas alternativas de organización social y de desarrollo, por interés de todos.Es decir, hablemos de una “alter globalización”


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