Nosotros, los bolivarianos
Vamos a tomar como ejemplo algo muy reciente: el rechazo del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto a recibir a su polémico “tocayo” venezolano que escribe su propio nombre con hache: Henrique Capriles.Dejemos lo de la ortografía en los nombres, porque se nos complicaría el asunto. Lo...
Vamos a tomar como ejemplo algo muy reciente: el rechazo del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto a recibir a su polémico “tocayo” venezolano que escribe su propio nombre con hache: Henrique Capriles.Dejemos lo de la ortografía en los nombres, porque se nos complicaría el asunto. Lo que queremos hacer notar es que Peña Nieto fue contundente al decir que no recibiría en México a Capriles, que está haciendo una “gira” por varios países latinoamericanos, formulando declaraciones y ostensiblemente buscando el desconocimiento del presidente Nicolás Maduro.Lo curioso (por llamarlo de alguna forma) es que el presidente mexicano tiene fama de ser “de derecha” y el ubicuo político venezolano, o sea Capriles, tiene también la misma imagen derechista.Sin embargo, en declaraciones que hizo en Londres, Enrique Peña Nieto dijo en forma explícita que “no recibirá al líder opositor venezolano, Henrique Capriles, porque su Ejecutivo ha reconocido al Gobierno formado en Venezuela y no interfiere en sus asuntos internos”.Esto nos sirve de modelo anecdótico para repensar esos membretes tan utilizados en la jerga política (izquierda y derecha), que muy a menudo confunden en vez de comunicar una idea adecuada.Por supuesto que hay matices en la identidad ideológica y a veces personajes que están en posición radical (no importa si a la izquierda o la derecha) aparecen enfrentados casi que “a muerte” con quienes se supone que están en el mismo lado del espectro político.Un caso que todavía mucho recordamos es el de los seguidores de José Stalin enfrentados a los seguidores de León Trotsky. Se los suponía afines, pero actuaban como enemigos y finalmente ambos se perjudicaron.Pero los tiempos provocan cambios, como los que sí sentimos que se están produciendo en nuestro país, así como en Venezuela, en el Ecuador y en otros lugares de esta que definitivamente nosotros la entendemos como una Patria Grande.Algún día ese anhelo será una realidad y seguramente que para eso hará falta también mucha tolerancia entre quienes nos identificamos con esa causa bolivariana integracionista, que para nosotros, definitivamente, es de izquierda.Concluyamos, entonces, rechazando también esos fundamentalismos políticos, como hacemos con todos los demás fundamentalismos que causan daños y perjuicios precisamente en los ámbitos que dicen “defender”, como son los casos de la defensa del medio ambiente y del indigenismo.La moderación y la tolerancia no se deberían confundir con la tibieza o con flaquezas ideológicas, porque son, al contrario, virtudes en un conjunto inevitablemente abigarrado, como es el de Nuestra América que sabemos y confiamos que finalmente culminará con lo que nos legó Simón Bolívar.Lo demás, es lo de menos.


