El boomerang de la naturaleza

Ocho milenios atrás, las selvas cubrían la mitad de la corteza continental del mundo; en la actualidad tapizan apenas un tercio de la misma, es decir que se ha perdido el 40 por ciento de la masa boscosa.Si sumamos todos los bosques del planeta, especialmente concentrados en Norteamérica,...

Ocho milenios atrás, las selvas cubrían la mitad de la corteza continental del mundo; en la actualidad tapizan apenas un tercio de la misma, es decir que se ha perdido el 40 por ciento de la masa boscosa.Si sumamos todos los bosques del planeta, especialmente concentrados en Norteamérica, Rusia, Europa y Suramérica, los mismos cubren una superficie de 40 millones de kilómetros cuadrados, equivalente a todo el Continente Americano. En esa biomasa forestal, están comprendidos tanto los bosques nativos como los de reforestación, cuya biodiversidad es infinitamente más pobres que la que poseen las selvas primarias, domesticados para la explotación maderera con fines comerciales.La deforestación, producida por la explotación agro-ganadera y los incendios, genera la mayor parte de la emisión y acumulación de anhídrido carbónico -CO2- en la atmósfera, que ya sobrepasa el límite de 400 PPM (partes por millón), según la National Oceanic and Atmospheric Administration y el Scripps Institut of Oceanographyc.En dos informes recientes, esos dos organismos estiman esa cifra muy superior al valor máximo recomendado de 350 PPM para tratar de evitar el efecto invernadero y los consecuentes cambios climáticos, con sus nefastas repercusiones sobre los seres vivos pluricelulares. Los árboles, por su parte, captan el CO2 del aire y lo almacenan en su propio seno. Inundaciones violentas e inhabituales se está produciendo en estos últimos tiempos en todos los continentes, sin excepción, con sus secuelas de destrucción de infraestructuras productivas y viales, cosechas, viviendas, y pérdidas de vidas humanas y de animales. Ha poco, vivimos las trágicas pérdidas humanas en Argentina por catastrófico descontrol de los ríos, Europa está bajo agua, ciudades enteras aisladas y semi-sumergidas, cursos hídricos fuera de sus cauces que todo lo arrastran con furia a su paso. Tailandia fue antes, precedida por dramas similares en Brasil, Colombia y otros muchos países. Las tormentas tropicales y huracanes del Caribe, han alcanzado una frecuencia e intensidad alarmantes.Los huracanes se originan allá en el cuerno de Africa, en Etiopía, donde el aire caliente asciende y se desplaza de este a oeste, por encima de la línea ecuatorial; viaja por el Océano Atlántico, donde las temperaturas de las aguas deben estar por encima de los 26º.5 y hasta diez metros de profundidad, lo que impulsa una masa de aire cargada de vapor de agua por efecto de la evaporación hacia el Continente Americano, donde se abate con furia. Para este año, se pronostica más de doce tormentas tropicales y, al menos, tres huracanes.Por su magnitud, están marcadas en la memoria colectiva el Huracán Katherine, que sembró muertes y desolación en Luisiana, y la tormenta tropical Andy que se abatió sobre Nueva York, provocando en ambos casos catástrofes materiales y humanas, a lo que se suma los violentos tornados que últimamente vienen registrando aumentos en frecuencia y extensión.Las sequías, la otra cara de la moneda de un mismo fenómeno, no son menos devastadoras, por cierto. La falta o escasez de agua, obliga a pueblos enteros a peregrinar en masa, escapando del hambre y de la sed, cuando no perecen en el intento.Según el FRA, organismo dependiente de la FAO especializado en los estudios forestales, 130 mil kilómetros cuadrados de bosques se derriba anualmente en el mundo. Sus fuentes de datos son estadísticas que proporcionan los gobiernos, lo cual los hace poco confiables, además de los obtenidos por vigilancia satelital, sin que ésta haga una clara discriminación entre bosques primarios y los cultivados.En la selva amazónica, que ocupa un tercio de Brasil, medidas de protección decretadas por el gobierno, habían frenado el ritmo de selvicidio durante la última década, hasta que, en este año, Greenpeace afirma que hay un repunte del 26 por ciento en la deforestación.La destrucción de esta maravilla de la naturaleza se debe siempre a las mismas razones: campos de pasturas para el ganado, plantaciones extensivas de soja y explotación minera.En Paraguay, ya no existen los hacheros, como en la época de los mensú; ahora la tala furtiva de árboles se produce, según la Fundación Guyrá, a un ritmo de 41 mil hectáreas por mes. El uso de tractores con cadenas arranca de cuajo hasta las matas. La sombra derrumbada no baja en jangadas por el Paraná, sino que es transportada hacia Brasil y otros destinos.En el Chaco, la prospección de hidrocarburos y gas, no respecta siquiera las áreas protegidas.Si por un instante el hombre fuera sensato, en vez de gastar miles de millones de dólares en armas genocidas y complicados sistemas de espionaje, que nos coloca a todos los habitantes del mundo en seres sospechosos de alta peligrosidad para el sistema dominante, y dedicara aunque fuera una parte de todo ese presupuesta para rescatar el planeta, que ya se encuentra en terapia intensiva, tal vez nos salvaríamos de un suicidio colectivo.


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