Corpus Christi

a su sufrimiento físico de dolor, de sed, de hambre, se sumó el dolor de su alma, por la traición, el abandono, la cobardía de los que Él quería, se vio solo con su dolor, llevado a la humillación y a la burla de los hombres a los que había consolado, curado, para los que tenía palabras...

a su sufrimiento físico de dolor, de sed, de hambre, se sumó el dolor de su alma, por la traición, el abandono, la cobardía de los que Él quería, se vio solo con su dolor, llevado a la humillación y a la burla de los hombres a los que había consolado, curado, para los que tenía palabras de esperanza y de amor; sin embargo ese era el agradecimiento que recibió del pueblo por quién se sacrificaba en la cruz.Pero su amor por los hombres fue y es infinito, prueba de ello es también que en los momentos antes de morir en el martirio, pidió por los pecadores: “Padre perdónales porque no saben lo que hacen”. Todavía quiso quedarse en este mundo con su presencia física y fue así como instituyó la Eucaristía, quedándose presente en la hostia consagrada.Jesús dijo mucho tiempo antes de la institución de la Eucaristía: “Quién come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”. (Jn.6,55-57).En esto está el fruto esencial del sacramento eucarístico en que comiendo el pan y bebiendo el vino, que Cristo nos ofrece, que son su carne y su sangre, nos incorporamos a Él y participamos de su vida divina, robustecidos por su gracia.Para que jamás pudiéramos dudar de esta verdad fundamental, El Señor quiso revelarla con palabras inequívocas, cuyo sentido clarísimo y único, jamás pudiesen enturbiar todas las cavilaciones humanas; por eso dijo: “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre, mi cuerpo que es entregado por vosotros, mi sangre que por vosotros es derramada”.La institución de la Eucaristía está rodeada de milagros y de misterios.Pero ¿cómo reaccionamos nosotros ante este milagro de amor de nuestro Dios?. Para muchos es un hecho que lo aceptan como una tradición de la iglesia, para otros les es indiferente y para pocos es la presencia real de Jesús.Dichosos los que creyendo fielmente en el misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía se acercan al sacramento del amor; la fe, la esperanza y la caridad no tienen alimento más dulce que el pan del cielo.El sacramento de la Eucaristía está ligado a la institución del orden sacerdotal, porque para que Jesús se haga presente en la hostia debe ser consagrada, Jesús dijo: “Haced esto en memoria Mía”.Debemos buscar a Jesús en el silencio del sagrario, acerquémonos, busquémoslo, Él está presente en la soledad en que lo dejamos los hombres, allí encontraremos consuelo, paz y esperanza, El Maestro nos dará sus gracias porque es la fuente inagotable de misericordia; el mundo de hoy, nuestro mundo está lleno de violencia, de traiciones, de engaños y discordias, porque nuestro egoísmo nos hace olvidar que todos somos hermanos y la paz la podemos conseguir acudiendo al autor de la paz que está presente en la Eucaristía, al que muchos  hemos olvidado.


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