Asuntos de Estado

Nuevamente YPFB aparece en las páginas dedicadas a asuntos policiales y judiciales, donde se hizo visitante habitual cuando estuvo presidida por Santos Ramírez. Detestaríamos que la historia se repitiera y, por eso, dejaremos eso en manos de fiscales y jueces que son a quienes les corresponde....

Nuevamente YPFB aparece en las páginas dedicadas a asuntos policiales y judiciales, donde se hizo visitante habitual cuando estuvo presidida por Santos Ramírez. Detestaríamos que la historia se repitiera y, por eso, dejaremos eso en manos de fiscales y jueces que son a quienes les corresponde. Por ahora.Pero lo otro, lo que tiene que ver con reservas y exploración, con industrialización del gas y con optimizar los beneficios que un atinado manejo de tales asuntos tendría para todo el pueblo boliviano, es algo que no podemos dejar de atender. Eso no es asunto judicial ni policial y ojalá nunca tenga necesidad de serlo.Es elemental focalizar las energías nacionales en la prospección y exploración, hasta encontrar nuevas reservas probadas que nos permitan, sin alucinaciones, referirnos a nuestro país como polo energético y petroquímico continental. Y no se ven, sinceramente, esfuerzos confiables en ese sentido.El Estado tiene esa responsabilidad y no compartimos la idea de que Corea, Singapur, Malasia, Taiwán y otros países del este asiático hayan logrado desarrollar sus industrias y toda su economía simplemente por su idiosincrasia o por lo que con desfachatez algunos llamaron “milagro”.La clave está en quienes manejan el Estado y cómo lo manejan. O sea, es un asunto netamente político, aunque algunos se encaprichen en sostener que son “asuntos de mercado”, teologizando esa mitológica “mano invisible”.Ese sobredimensionamiento del mercado es lo que tiene actualmente a más de mediomundo en una crisis aguda y a punto de volverse crónica, es decir sin posibilidades de solución efectiva. Es lo que ha causado el neoliberalismo, que a pesar de todo se resiste a rendirse.Además de incrementar las reservas “probadas” de gas, lo otro urgente y también indelegable es la industrialización del gas. La petroquímica, con la cual no engolosinan de vez en cuando solamente para aumentar las consecuentes frustraciones.De lo que, a simple vista, tenemos que cuidarnos de inmediato, es del sobredimensionamiento burocrático de las iniciativas estatales y, por supuesto, de la poca trasparencia de sus acciones, que está íntimamente ligada a ese burocratismo.Habrá que abandonar, también esa tendencia a interinatos injustificadamente prolongados en el comando de las políticas energéticas, porque es inevitable que trasminen algo de desconfianza en la gestión.Y lo último, pero no lo menos importante es reforzar las iniciativas estatales con elemental proteccionismo, que nos blinde contra el peligro de caer en tratados de libre comercio y otros peligrosos cantos de sirena.Por supuesto que no es fácil, pero tampoco es imposible y tampoco “milagroso”, sino producto de atinadas políticas nacionales, conducidas por gobernantes conscientes de sus responsabilidades, porque gobernar es un honor, pero también es una altísima responsabilidad.


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