Lo que nos interesa

Es evidente que parte de la tensión se debe a frustraciones generadas por no haberse producido ese “cambio” que fue principal consigna para que asumieran el gobierno quienes actualmente lo conducen. Se hizo algo, pero se pudo hacer más y se lo pudo hacer mejor. Sin embargo, esa causa...

Es evidente que parte de la tensión se debe a frustraciones generadas por no haberse producido ese “cambio” que fue principal consigna para que asumieran el gobierno quienes actualmente lo conducen. Se hizo algo, pero se pudo hacer más y se lo pudo hacer mejor. Sin embargo, esa causa evidente no parece ser la única para la intensidad que han alcanzado las tensiones. Con absoluta seguridad existen otras, menos perceptibles pero que también cuentan y son importantes.El malestar social se puede manipular, instrumentalizar y acrecentar, con intereses que muy a menudo no tienen que ver con las reales causas, que pasan a convertirse en útiles pretextos. Eso lo hemos visto en Bolivia tantas veces que ya deberíamos tener  una percepción agudizada. Por lo menos quienes se dedican a los análisis políticos deberían tenerla.Con paros, bloqueos, escándalos callejeros, cacerolazos y otras manifestaciones de protesta, algunas francamente extravagantes, no se solucionan los conflictos. Se agudizan, pero eso es también algo que buscan y consiguen quienes no están interesados en soluciones, sino en la agitación por sí misma, con fundamentos políticos, ideológicos o de clase, o inclusive sin ellos.Bolivia está avanzando trabajosamente en propósitos geopolíticos de integración regional y eso, como es natural, tiene amigos, pero también tiene enemigos, muchos y muy recursivos, que pretenden no precisamente los cambios que se piden clamorosamente, sino fenómenos que nada tienen que ver con ellos, pues acaban siendo solo cambio de personas en el gobierno o, peor aún, fraccionamientos de la unidad nacional, que hacen que el pueblo, esa víctima de siempre, acabe trasquilada cuando la empujaban a ir por lana.En varias oportunidades nos hemos ocupado aquí mismo de esa postura política madura que se conoce como “apoyo crítico” y tiene antecedentes en nuestro país. Si actuáramos considerando ese apoyo crítico o su contraparte equivalente de “oposición crítica”, le evitaríamos a nuestro pueblo esos violentos zarandeos y males mayores que los que se proclama atacar con el desorden social.El presidente Morales llegó a denunciar que “Algunos dirigentes de la COB estarán golpeando las puertas del Estado Mayor para que den golpe de Estado, ahora están pidiendo a gritos amotinamiento de la Policía para que haya un golpe de Estado; esto ya no es una reivindicación, es una acción política”. Esas son palabras mayores. Llamó luego a “defender la democracia”, que es un pedido válido, tanto para quienes apoyan  como para quienes se oponen al gobierno. Y esa defensa de la democracia y a su optimización nos sumamos nosotros, pero reiterando que lo hacemos con espíritu crítico, porque lo que lo que prioritariamente nos interesa es el país, la nación, la patria. Esa es nuestra razón primordial y principal.


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