De caballos y de jinetes
No hace falta esforzar la imaginación para comprender que la Organización de Estados Americanos no es, hablando con propiedad, una asociación, porque allí, en la OEA, uno es el que manda y otros son los que obedecen. Exactamente como en el caso del caballo y el jinete.Es elemental, por lo...
No hace falta esforzar la imaginación para comprender que la Organización de Estados Americanos no es, hablando con propiedad, una asociación, porque allí, en la OEA, uno es el que manda y otros son los que obedecen. Exactamente como en el caso del caballo y el jinete.Es elemental, por lo tanto, que en cualquier grupo que pretenda ser llamado sociedad, asociación o algo similar, sus integrantes tengan deberes y derechos equivalente, lo cual no sucede en la OEA, ni en sus filiales, porque lo que allí se hace se parece, más bien, a eso que algunos llaman, en forma grotesca, “Consenso de Washington”.Allí, en Washington, hubo absoluta asimetría de poder, hubo autoritarismo y todo lo que quieran llamar a esa asimetría, pero de ninguna manera consenso, porque fue equivalente a lo que sucede entre el caballo y el jinete.Todo esto a propósito de la reunión que comenzó ayer en Tiquipaya en la cual, se dijo, uno de los temas será cambiar de residencia oficial a la Comisión Interamericana de Derechos Humano que, como la OEA, funciona en Washington. La información es por ahora escueta y dice solamente:Los estados partes del Pacto de San José prevén reunirse en Cochabamba, Bolivia, para revisar la denominada Declaración de Guayaquil e intentar adoptar una postura conjunta para la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), que será a inicios de junio.La reunión fue convocada por Bolivia en el marco del proceso de reforma del Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH) que lleva más de dos años”. De ese “sistema” estamos hablando.La Declaración de Guayaquil, firmada por 19 países, tiene ocho puntos, entre ellos, que la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) no sea Estados Unidos, que todas las naciones representadas en la OEA sean adherentes del Pacto de San José, y que las relatorías de la CIDH sean ‘especiales’ y reciban igual financiamiento. Quizás, en la reunión en Tiquipaya, finalmente no cambien nada, lo cual tampoco sería extraño, acostumbrados como estamos a que los “cambios” no modifiquen nada (gatopardismo, se le llama a eso), pero, de todas maneras, las aguas están alborotadas.De las aguas hablaremos mañana, porque también son un tema “candente”, aunque nos estemos refiriendo a aguas heladas y fósiles. Por ahora, terminemos con la OEA, (es decir terminemos de hablar de la OEA y de su sistema, el deseo nos estaba traicionando). Era eso, exactamente lo que queríamos hacer cuando nos referíamos a caballos y jinetes.Porque esa clase de “asociaciones”, siempre terminan haciéndonos pensar en la conocidísima y muy mencionada Doctrina Monroe, de la cual ya hemos hablado antes.Está claro y bien comprendido ¿Cierto?


