¿Nueva constitución?
Hay objeciones en sumarse a tal iniciativa. Peca de una dolencia muy hispanoamericana: el “fetichismo jurídico”. Eso significa creer, a pie juntillas, que la promulgación de una nueva Constitución supone que, a la mañana siguiente, el sol se asoma cuadrado. Es decir, se atribuyen...
Hay objeciones en sumarse a tal iniciativa. Peca de una dolencia muy hispanoamericana: el “fetichismo jurídico”. Eso significa creer, a pie juntillas, que la promulgación de una nueva Constitución supone que, a la mañana siguiente, el sol se asoma cuadrado. Es decir, se atribuyen poderes mágicos a lo anotado en el documento.El Congreso Nacional como ya ha ocurrido puede modificar la Carta hoy vigente. Por otro lado, ¿cómo se evita que esa Asamblea no esté controlada por los partidos políticos? Difícil imaginar una fórmula que impida a dichas herméticas oligarquías que manejan el P. Legislativo y la Presidencia, municipios, sindicatos y gremios, no controlen la Constituyente de cuyo vientre, según quienes preconizan la propuesta, saldría un Chile purificado. La misma “partidocracia” sepulta tal quimera. Por otro lado, como se manifestó, el “fetichismo jurídico” incuba otra frustración.


