La humildad
“El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mt. 20 – 28)Desde su nacimiento El se abajó siendo Dios se hizo hombre y vivió humildemente, sirviendo a los pobres, a los enfermos del cuerpo y del alma, sirvió a todos los hombres que quisieron oír la buena nueva.Nos...
“El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mt. 20 – 28)Desde su nacimiento El se abajó siendo Dios se hizo hombre y vivió humildemente, sirviendo a los pobres, a los enfermos del cuerpo y del alma, sirvió a todos los hombres que quisieron oír la buena nueva.Nos habló de los que buscan los primeros puestos en la mesa y de los que se afanan por ser llamados maestros; y estableció una proposición extraña: “El que se ensalzare será humillado y el que se humillare será ensalzado” (Mt. 23 – 12)A Dios los soberbios deben producirle nauseas, porque nada hay tan opuesto a la estricta verdad: somos polvo, ceniza, nada, si algo bueno hay en mi, es lo que no es mío, eso es lo que Dios ha hecho en mí, entonces ¿Dé qué presumir?San Pablo decía que llevamos la virtud como en vasos de barro. Vasos de barro pura arcilla nada mas ¿Dé qué puedo enorgullecerme? Y sin embargo,¿ de que no me enorgullezco? Una palabra, un gesto, una palmadita sobre el hombro, hasta una simple mirada despierta en nosotros un mar de vanidades.Todo viene del padre de las luces, nosotros: ¡Vasos de arcilla!No te crezcas, ni te pongas tan alto ¡Podrías caer y quebrarte!A nadie le resulta fácil la humildad, el orgullo siempre está en el corazón de los hombres.Nuestra nada tiene una fuerza, la de nuestra humildad que provoca en el Señor alegría. Inspecciona los recovecos de tu alma y tal vez halles agazapada la soberbia que no te deja ser feliz.Recordemos las palabras de la Santísima Virgen:“Me llamarán feliz todas las generaciones porque Dios puso sus ojos en la nada de su esclava. Por eso hizo en mi maravillas el que todo lo puede. Depuso de su trono a los poderosos y a los humildes los exaltó” (Luc. 1- 48, 49,52)La puerta del cielo es angosta, es tan angosta que solo los que doblan la cabeza pueden pasar por ella, quién no quiera doblar la cabeza, es inútil que intente ser feliz.Las personas humildes atraen e inspiran confianza no así las soberbias. Las personas orgullosas son las que buscan el encanto de su propio castillo, las que andan tras las nubes de las posibles admiraciones, las que viven para contemplarse a si mismas, son almas terriblemente vacías, no tienen nada que dar y su orgullo no les permite recibir. Si observamos algunos edificios veremos en lo alto de la torre a la veleta, allá arriba cimbreándose, coronando la construcción aunque nada tiene que ver con la solidez de la construcción. En cambio oculto bajo tierra esta el sillar granítico sobre el cual se asientan los cimientos.Nadie repara en él, pero sin el se caería el edificio.No seas veleta, se sillar. No te dejes deslumbrar por lo brillante, sino por lo profundo, no te encandiles con lo superficial, sino con lo profundo.Así serás más auténtico, te sentirás más feliz, mas tranquilo y todo lo que emprendas será más eficaz, así te despreocuparas de mil superficialidades que ahora te preocupan y acercándote al Señor, tendrás otra visión de la vida y El Señor que es generoso te hará llegar sus maravillosas añadiduras.


