¡Qué belleza!
Sigamos: La belleza es una noción abstracta ligada a numerosos aspectos de la existencia humana. Esto es estudiado principalmente por la disciplina filosófica de la estética, pero también es abordado por otras disciplinas como la historia, la sociología y la psicología social. Vulgarmente...
Sigamos: La belleza es una noción abstracta ligada a numerosos aspectos de la existencia humana. Esto es estudiado principalmente por la disciplina filosófica de la estética, pero también es abordado por otras disciplinas como la historia, la sociología y la psicología social. Vulgarmente la belleza se define como la característica de una cosa que a través de una experiencia sensorial (percepción) procura una sensación de placer o un sentimiento de satisfacción. Las críticas hacia los concursos de belleza radican principalmente en que refuerzan la idea de que las mujeres deben ser valoradas principalmente por su apariencia física, lo cual hace una gran presión sobre las mujeres para que “sean hermosas”, gastando dinero en ropa, cosméticos, productos para el cabello y cirugías estéticas. Esta obsesión por la belleza física incluso lleva a las mujeres a realizar dietas estrictas, con resultados como la anorexia o la bulimia. Aunque algunas competencias tienen componentes que no están basados puramente en la belleza física, las participantes poco atractivas tienen pocas posibilidades de ganar, sin importar su talento, su inteligencia, su educación, su aplomo, su ingenio o su conciencia social. En lugar de proveerles oportunidades a las mujeres, se discute que los concursos de belleza lastiman a las mujeres que no cumplen las ideas tradicionales de belleza, porque las que sí cumplen el ideal son vistas como “mejores” que el resto de las mujeres.Y de aquí en adelante la discusión sería interminable, lo cual no es la finalidad de estos comentarios periodísticos. Centrémonos, entonces, en dos aspectos: el multimillonario negocio de la “apariencia”, que ahora está ligado íntimamente al de la “salud” y la palabrita esa, que definitivamente no nos agrada: Miss.En el negocio de la apariencia se ha llegado a extremos como el de publicitar jabones y “champús” distintos para hombres y para mujeres, cuando esencialmente esos productos lo único que tienen es una sustancia desengrasante y algún perfume. La situación es similar con jabones, dentífricos y un sinfín de “menjurjes” que preferimos no mencionar para no publicitarlos.Recordábamos hace poco que ya hace diez años, las estadísticas (que también globalizan todo lo que pueden) aseguraban que “salud y apariencia” movilizaba casi tantos recursos financieros como los hidrocarburos.Y vamos a lo otro: Hablar de monarquías en este tiempo tiene el alto riesgo de derivarse hacia las páginas de noticias policiales o judiciales. Pero aun así, es preferible correr el riesgo de ser confundido con alguien de una desprestigiada “familia real”, que ser llamada “miss”, que seguramente en inglés resulta un apelativo inocente, pero entre nosotros suena muy feo.Dejemos ahí el tema, porque la próxima semana elegirán Reina Tarijeña para que participe luego en el Reinado Nacional respectivo. Lo único rescatable, sin discusión, es la belleza de las mujeres bolivianas… y especialmente la de las tarijeñas.


