La muerte de Jesús

Ante tan grande sacrificio recordamos a María, la Madre, se cumplieron las palabras de Simeón cuando le dijo: “Una espada atravesará tu corazón” (Lc. 2,35).¿Comprenderemos nosotros la intensidad del dolor de esa Madre? ¿Qué contemplaría María en Jesús crucificado? Ante todo miraba y...

Ante tan grande sacrificio recordamos a María, la Madre, se cumplieron las palabras de Simeón cuando le dijo: “Una espada atravesará tu corazón” (Lc. 2,35).¿Comprenderemos nosotros la intensidad del dolor de esa Madre? ¿Qué contemplaría María en Jesús crucificado? Ante todo miraba y consideraba con inefable ternura de su corazón, el retablo doloroso que tenía ante sus ojos. Una a una contemplaba con calladas lágrimas las huellas que los tormentos habían dejado en el santísimo cuerpo de su divino Hijo, las heridas de los azotes y las espinas, los agujeros de las manos y de los pies, todo el cuerpo hecho una llaga, veía ante sí, a su Hijo transfigurado por el dolor, y también por el amor.Su cabeza inclinada, sus brazos abiertos, sus manos extendidas y rotas, su corazón traspasado.Contemplaba María con profundo dolor su sacrificio, su inmensa bondad, su inagotable misericordia.En el Hijo veía al eterno pontífice, al rey de Israel, al triunfador de la muerte como decía San Pablo en (1 Cor.15,54-55):        Sumió se la muerte en victoria        ¿Dónde está muerte tu victoria?        ¿Dónde oh muerte tu aguijón?Mientras esto consideraba la Madre a través de sus lágrimas, contemplaba la gloria de Dios.Entre tanto, millares de ángeles cantaban el cantar nuevo de la redención (Apoc. 5,9-12).Miremos nosotros también a Jesús crucificado, vemos la suma pobreza de su desnudez, el hambre y la sed de justicia en su sed abrazadora, la aflicción en su tremendo desamparo, la persecución en todo el proceso de la pasión.   La mansedumbre brilló en medio de tantos ultrajes.Sus últimas palabras en la cruz fueron: “Consumado está”.  Consumada está la obra de Dios, ejecutados sus designios de misericordia.Se han cumplido las escrituras, se han realizado las divinas promesas hechas a Abraham y a su linaje, se han verificado los antiguos vaticinios de los profetas; las aspiraciones de la humanidad han sido satisfechas, Dios ha sido glorificado, los cielos y la tierra se han reconciliado, la cabeza de la serpiente ha sido aplastada, ha sido expiado el pecado del mundo, vencida la muerte, se ha fundado la Iglesia de Cristo.A nosotros nos toca responder ante este sacrificio, no sólo se trata de entristecernos, de acompañar a la imagen de Jesús en las procesiones, ni de asistir a las iglesias en los días santos, sino de hacer carne en nosotros y convertirnos, o sea, cambiar de vida, mejorar, ser coherente entre lo que creemos con lo que vivimos, no podemos dividir a nuestra fe de nuestra vida, tomemos conciencia y busquemos la paz, la unidad, renunciemos al egoísmo, a la sed de poder, a la ambición; estamos de paso, nuestra vida es corta, cada día que pasa, el tiempo se acorta.Rompamos esas cadenas que nos esclavizan cuando rendimos honores a la riqueza y al poder.


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