Algo que apenas comienza

Dos aspectos llaman de entrada la atención: que el nuevo pontífice haya escogido el nombre de uno de los más famosos personales del santoral católico, Francisco de Asís, y que el nuevo Papa provenga no de la orden religiosa de los franciscanos, sino de los jesuitas, que son también muy...

Dos aspectos llaman de entrada la atención: que el nuevo pontífice haya escogido el nombre de uno de los más famosos personales del santoral católico, Francisco de Asís, y que el nuevo Papa provenga no de la orden religiosa de los franciscanos, sino de los jesuitas, que son también muy conocidos en la iglesia, pero no por su modestia ni por su pobreza, sino por su excepcional  capacidad de organización y por su cristianismo “militante”, para llamarlo de alguna manera, sin ánimo de molestar ni irritar a ninguno de ellos (Dios nos libre de semejante temeridad)A la simple mención de Francisco, por asociación de ideas llega el apelativo  afectuoso que utilizaban para ese fraile: “il poverello d’Assisi”  o sea el pobrecito de Asís, porque hizo gala de su desapego por los bienes terrenales, es decir, despreció sus originales riquezas y vivió realmente con pobreza, algo que no todos los religiosos desearían ni podrían imitar.Y cuando aludimos a pobreza y a religión, es imposible no asociar la idea con El Instituto para las Obras de Religión o IOR (en italiano Instituto per le Opere di Religione), conocido popularmente como el Banco Vaticano, es una institución de la Iglesia Católica situada en la Ciudad del Vaticano y acordarse de  Paul Casimir Marcinkus, un arzobispo estadounidense conocido por su polémica dirección del IOR.Cabe destacar que el Instituto estuvo implicado en un “escándalo” político y financiero importante en los años 80, referente al derrumbamiento en 1982 del Banco Ambrosiano (del cual el Vaticano era un accionista importante) bajo el peso de una deuda de 3.500 millones de dólares. Procesaron al jefe del Banco del Vaticano entre los años 1971 a 1989, Paul Marcinkus, en 1982 en Italia como autor de la bancarrota, pero el Vaticano reclamó inmunidad diplomática para el arzobispo estadounidense, y le protegió de las investigaciones, eludiendo de este modo a la justicia italiana Por supuesto que todo esto debe ser muy bien conocido por el nuevo pontífice de la iglesia católica, el argentino  Jorge Mario Bergoglio, que no es un novato en su institución pues llega al papado después dela habitualmente larga “carrera” sacerdotal, que suele comenzar en una parroquia y eventualmente  concluir en el Vaticano.Que el nuevo Papa además haya nacido en la para nosotros relativamente cercana ciudad de Buenos Aires, aumenta nuestro natural interés por  estar pendientes de su desempeño. Pero, por supuesto, no lo seguiremos con vocación de sabuesos, porque nuestros principales intereses continúan siendo la industrialización de los recursos naturales en nuestro país y en nuestra región, a la cual siempre consideraremos la Patria Grande Bolivariana.De manera que estaremos, en cuanto al Vaticano, en una prudente espera.


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