La infancia hipotecada
Ítem 2: A menos que el imperio del capitalismo fuese reemplazado por mecanismos sociales de intercambio más generosos, racionales o altruistas. Ítem 3: Siendo esta circunstancia un poco rara, los gestores reprogramarían en forma automática la deuda, lo que llevaría inevitablemente a volver...
Ítem 2: A menos que el imperio del capitalismo fuese reemplazado por mecanismos sociales de intercambio más generosos, racionales o altruistas. Ítem 3: Siendo esta circunstancia un poco rara, los gestores reprogramarían en forma automática la deuda, lo que llevaría inevitablemente a volver a hipotecar la descendencia. Ítem 4: Teniendo como último recurso el adquirir un préstamo, mediante el contrato de concesión o arrendamiento de alguna abuela tejedora de pañoletas o una tía excelente cocinera, suponiendo que esto alcanzase a amortizar los intereses, restando el gasto entre intermediarios, estampillados y comisiones... Ítem 5: Aunque bien podría suceder que antes, en medio del papeleo burocrático, un tercero comprara su hipoteca, y cancelando la deuda, pasase a ser el padre de sus hijos, haciéndose cargo de la sucesión entre las partes, usufructuando legalmente de su mujer (como resguardo financiero temporario), hasta que lograse extraer un nuevo crédito, teniendo en cuenta la posibilidad de una o varias reencarnaciones, cobrando el seguro de vidas pasadas o futuras, siempre que se posea el aval de alguna religión cuyo credo esté contemplado por el Registro Nacional de Cultos. Ítem 6: Que todo se encuentre autenticado ante escribano público, hasta el día de la fecha. Ítem 7: Por lo demás, su vida, la vida en general, pensada en términos jurídico–administrativos, no pasa de ser un bien de consumo personal o un rápido y sencillo trámite. Ítem 8: Comuníquese. Colaciónese. Archívese. Y cada tanto desempólvese.


