Vamos a ponerle nombre

En 1964 el general René Barrientos fue elegido vicepresidente de la República acompañando a Víctor Paz Estenssoro. Siendo vicepresidente dio un golpe de Estado y derrocó a Paz. Fue luego presidente de la Junta Militar (1964-1965), copresidente junto a Alfredo Ovando Candía (1965) y en 1966...

En 1964 el general René Barrientos fue elegido vicepresidente de la República acompañando a Víctor Paz Estenssoro. Siendo vicepresidente dio un golpe de Estado y derrocó a Paz. Fue luego presidente de la Junta Militar (1964-1965), copresidente junto a Alfredo Ovando Candía (1965) y en 1966 fue elegido Presidente Constitucional. Tiene, por cierto, mucho paralelo con la vida de otro militar, Hugo Banzer Suárez, primero golpista y luego presidente constitucional. A propósito Banzer fue ministro de Barrientos. De educación, nada menos.René Barrientos Ortuño “llevó adelante un gobierno de desarrollismo económico. Se arrimó a los campesinos y se enfrentó contra los obreros y mineros. Promulgó una nueva Constitución en 1967”. Hasta aquí, información más o menos inocua, de enciclopedia. Pero revisamos lo que de Barrientos pensaba uno de los intelectuales más valiosos que ha tenido Bolivia, Sergio Almaráz Paz y sus conceptos son francamente lapidarios.En su inigualable obra Réquiem para una República, Dice Almaráz: “El uniforme de boina verde que Barrientos vistió en mayo de 1966, (en las masacres mineras) es más elocuente que la presencia del embajador estadunidense Henderson en las reuniones ministeriales, en el Palacio Quemado.Este general de aviación –sigue Almaráz – “ha confundido el país con un aeródromo y presenta el punto más bajo de la historia del ejército boliviano. Es evidente que los norteamericanos (se refiere a los estadounidenses) impusieron a Barrientos mediante un proceso eficaz, porque hizo del presidente un boina verde y de un boina verde un presidente”.Pero dediquémosle unas líneas más a esas masacres, imposibles de olvidar y así es como las cuenta el inigualable Sergio:“La matanza en masa de mineros s obra concreta de la presión norteamericana, porque para la contra-revolución era imprescindible destruir a esa clase peligrosa. Barrientos acabó por ceder a esa exigencia y así se produjeron las crueles matanzas de mayo en Milluni, Kami, Atocha, Telamayu, Villa Victoria, Munaypata, El Tejar, que se repetirán después, con ensañamiento todavía mayor en Catavi, en el mes de septiembre de 1965. Pero esto no bastaba: el 24 de junio de 1967, las minas son escenario de otro genocidio, bautizado por el pueblo como la Masacre de San Juan. Barrientos había dicho: “Reprimiremos con la violencia más brutal”.Y ahora vamos a ponerle a una escuela, en Tarija, el nombre de René Barrientos Ortuño. Por ese camino no demoraremos en llamar Mariano Melgarejo a algún museo, algún conservatorio musical o quizás a un seminario.Padcaya sin duda que necesita ese colegio y eso no es puesto en duda, de ninguna manera. Pero no había causa, motivo ni razón ni para llamarlo así.


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