¡Renunció el Papa!
Es lógico, la noticia nos impactó a todos; los católicos nos sentimos huérfanos sin la cabeza de la Iglesia que representa a Cristo; en un primer momento nos invadió un sentimiento de tristeza como que la barca de Pedro se quedaba sin timonel.Pasados los días y reflexionando en las palabras...
Es lógico, la noticia nos impactó a todos; los católicos nos sentimos huérfanos sin la cabeza de la Iglesia que representa a Cristo; en un primer momento nos invadió un sentimiento de tristeza como que la barca de Pedro se quedaba sin timonel.Pasados los días y reflexionando en las palabras del Santo Padre, hemos comprendido su decisión.Hoy estamos sin Papa porque ya Benedicto XVI dejó de serlo por propia voluntad, él dijo: “Ahora soy un peregrino unido a Cristo y a su Iglesia orando”.Joseph Ratzinger, un elegido de Dios, desde niño buscó al Señor, toda su vida, su trabajo, su sacrificio, sus estudios, se los consagró a Él para servirle desde donde el Señor lo pusiera; nunca imaginó que llegaría a dirigir la Iglesia del mundo, a cargar con la pesada cruz de la responsabilidad y a sentir en carne propia las injusticias, los atropellos a los derechos humanos, la pobreza y de cuantos sufrimientos padece la humanidad; los ataques a la Iglesia por muchos poderosos y grupos antagónicos a la Iglesia Universal, creo que podríamos enumerar los motivos que han hecho más pesada su cruz.El Santo Padre la llevó con amor.Tenemos que pensar que el Santo Padre renunció a todo el brillo que el mundo le ofrecía, a formar una familia, a disfrutar de la amistad de los amigos, al cariño y calor de un hogar; su vida es un holocausto ofrecido por todos los hijos de Dios, un ser excepcional profundamente espiritual e intelectual, sus oraciones, verdaderos coloquios con el Señor, en sus oraciones estábamos presentes todos, negros, blancos, ricos, pobres, esclavos, libres, toda la humanidad confiada a sus manos.Nos regaló muchos libros y encíclicas para enseñarnos y acercarnos más a Dios y seguramente seguirá escribiendo y podremos saborear la riqueza de su espiritualidad y de su sabiduría.Creo que nadie puede ni debe juzgar la actitud del Santo Padre, no podemos, no tenemos derecho y más todavía, no conocemos el interior de su alma.Él ya lo dijo, reflexionó mucho, tomó conciencia de su decisión y en presencia de Jesús e impulsado por el Espíritu Santo, dio el paso.Una renuncia que significa humildad, de Papa a un sacerdote peregrino en la soledad de un monasterio, ya no el aplaudido, el primer hombre de la Iglesia, el ovacionado por multitudes del mundo entero, ahora solo, bajo la mirada tierna y amorosa del Señor que escuchará sus plegarias por todos nosotros.Renunció a su cargo, no a su Iglesia ni a su misión y nosotros agradezcamos a Dios por habernos dado un Papa sabio, humilde, recio.No debemos olvidar lo que siempre nos enseñó, el ser mensajeros de la paz y de que Dios nos ama.


