Rafael Correa. Más luces que sombras

Correa tiene cuatro años por delante para profundizar las líneas de un gobierno que ha conseguido hacer crecer su economía a un ritmo medio del 5%, a la vez que ha reducido un 27% la pobreza del país. Todo, desde una profunda transformación social que imbrica interculturalidad con inclusión...

Correa tiene cuatro años por delante para profundizar las líneas de un gobierno que ha conseguido hacer crecer su economía a un ritmo medio del 5%, a la vez que ha reducido un 27% la pobreza del país. Todo, desde una profunda transformación social que imbrica interculturalidad con inclusión política, económica y laboral. Así, las cifras hablan por sí solas. Durante el gobierno de Correa se ha conseguido reducir la pobreza en un 40% dentro del seno de las poblaciones vulnerables indígenas y afrodescendientes. Asimismo, el desempleo se ha reducido notablemente, pasando de casi un 9% en 2006 hasta presentar en la actualidad, según la Organización Internacional del Trabajo, registros próximos al pleno empleo (5%). De igual forma, la desigualdad, expresada en el índice de Gini, por ejemplo, se redujo de un coeficiente de 0,54 en 2006 a 0,46 en 2012.En su proyección exterior, en el gobierno de Correa se observa un claro posicionamiento crítico con el sistema internacional actual y dentro del cual cabe alinear a buena parte del continente latinoamericano. Así, por un lado, aboga por romper con las instituciones herederas de Bretton Woods —Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial— que tan dañinas han sido a través del Consenso de Washington para los intereses de América Latina. Por otro lado, apuesta por consolidar y profundizar los escenarios de interlocución propios del continente, como Unasur o Celac; todo, desde un protagonismo político creciente y una perfecta relación diplomática con los gobiernos de diferente signo ideológico de la región.Sin embargo, pese a lo señalado, quedan muchos retos por abordar. Es necesario profundizar la transformación social del Estado y reducir los niveles de inseguridad y corrupción que, no obstante, son una constante en el continente latinoamericano y no deben constreñirse en exclusividad como responsabilidad del mandato de Correa.Quizá el más importante de tales desafíos pasa por superar la mayor contradicción discursiva del dirigente ecuatoriano y que tiene que ver con la consolidación de un modelo económico de megaminería desarrollista y dependiente del petróleo. Es decir, la narrativa de un marcado discurso antineoliberal no se corresponde con la práctica.En conclusión, Correa arroja muchas más luces que sombras. Luces que no son más que el resultado de una izquierda que en América Latina, en general, presenta una fuerza discursiva y transformadora que dista mucho de la acontecida en Europa, decrépita, carente de discurso y convicción y sin capacidad alguna ni atisbo, hasta el momento, de reconversión.*Jerónimo Ríos Sierra. Analista e investigador de la Universidad  Complutense de Madrid.


Más del autor