Reflexiones desde el Cursillo El Dios de piedad
Es la expresión, la manifestación de nuestra espiritualidad.Orar, recibir la Eucaristía, acompañar a las procesiones, son expresiones de nuestra fe que se las conoce por piedad.Este don es un regalo del Espíritu Santo, que nos hace invocar a Dios, nos permite vivir la enseñanza de Jesús...
Es la expresión, la manifestación de nuestra espiritualidad.Orar, recibir la Eucaristía, acompañar a las procesiones, son expresiones de nuestra fe que se las conoce por piedad.Este don es un regalo del Espíritu Santo, que nos hace invocar a Dios, nos permite vivir la enseñanza de Jesús que exhortó a sus discípulos a orar al Padre con este único título “Padre Nuestro” (Mt. 6,9).Por lo tanto el don del Espíritu es la piedad filial.El alma es llevada espontáneamente a pensar en Dios como Padre, a sentirlo y conocerlo como Padre.Por esta piedad invade al alma un sentimiento afectuoso que es la ternura, el don de piedad nos hace capaces del cariño propio de un niño hacia su padre.La piedad mueve a dar y darse a los demás, es alegría de consolar, de comprender, de compadecer.Todos tenemos en mayor o menor medida este don que hemos recibido en la confirmación, sacramento del Espíritu Santo.Los efectos del don de piedad son varios: Pone en el alma una ternura verdaderamente filial hacia nuestro Padre que está en los cielos, nos hace adorar el misterio inefable de la paternidad divina. El don de piedad desarrollado nos hace penetrar en la vida íntima de Dios, dándonos un sentimiento vivo de respeto y adoración a la paternidad del Padre.Pone en el alma confianza en Dios, nos hacer ver en el prójimo a un hijo de Dios y hermano de Jesús.Fruto de estos sentimientos son las obras de misericordia hacia los necesitados.Las obras a favor de las personas que sufren nacen como brotes de la piedad, aunque estas personas sean ingratas porque todo se hace pensando en como actuaría Jesús.También la piedad hace nacer el cariño por las personas que sirven a Dios, con su trabajo, con su esfuerzo y con su devoción y esto es la fraternidad cristiana.La impiedad es lo contrario de la piedad, la impiedad nos lleva a no reconocer a Dios como Padre, ni a los demás como hermanos, es sobretodo el que tiene dureza de corazón.La dureza de corazón nace de un amor desordenado a nosotros mismos, porque este amor hace que no seamos sensibles más que a nuestros propios intereses o sea que nada nos afecte, sino solo lo que se relaciona con nosotros, la dureza de corazón hace que miremos con indiferencia las ofensas a Dios, los grandes pecados y males de la humanidad, los sufrimientos del prójimo sin sentir compasión.La dureza de corazón hace que no queramos incomodarnos, ni renunciar a nada para ayudar a los otros, hace que conservemos en nuestro corazón sentimientos de odio, de rencor, de venganza y de envidia.Esta dureza es extrema en los grandes del mundo, en los muy ricos y avaros en los que están en el mundo del placer, de la droga y del alcohol, los que viven de espaldas a Dios.También esta dureza de corazón la tienen muchos sabios que no unen la devoción con la ciencia y que para lisonjearse de este defecto lo llaman solidez de espíritu, pero los verdaderos sabios han sido los más piadosos como San Agustín, Santo Tomás, San Bernardo y tantos otros.Un alma que no se arrepiente del mal que ha hecho, tiene mucho de impiedad.Cuanta más caridad o amor de Dios tiene un alma, más sensible es a los intereses de Dios y del prójimo.


