Los mitos
Pero los mitos no solamente se refieren a dioses ni a héroes imaginarios. Los mitos forman parte del sistema de creencias de una cultura o de una comunidad, la cual los considera historias verdaderas. Al conjunto de los mitos de una cultura se le denomina mitología. Cuanto mayor número de...
Pero los mitos no solamente se refieren a dioses ni a héroes imaginarios. Los mitos forman parte del sistema de creencias de una cultura o de una comunidad, la cual los considera historias verdaderas. Al conjunto de los mitos de una cultura se le denomina mitología. Cuanto mayor número de mitos y mayor complejidad tiene una mitología, mayor es el desarrollo de las creencias de una comunidad. En estos tiempos, un poco como herencia neoliberal, algunos mantienen el mito de que las inversiones de capital privado en cualquier país tienen que ver con el desarrollo real y efectivo de ese país. Puro mito.El capital, que no es sino producto del trabajo no pagado, lo primero que busca es mantenerse y crecer. Ese es un axioma capitalista que no amerita discusión.En consecuencia, cualquier inversión de capital privado, en cualquier parte del mundo, lo primero que buscará es el rendimiento para ese capital y para lograrlo apelará a recursos de cualquier índole, incluyendo el incumplimiento de los contratos comprometidos en el momento de la inversión.Si a ese capital no lo vigilan, no lo cargan con impuestos y ni siquiera molestan preguntando de dónde viene y cómo se formó, entonces ha encontrado su “paraíso”. Y con todo desparpajo lo llaman así: Paraíso fiscal. Con el agregado de que a los dueños de ese capital, en esos paraísos, no les prohibirán ningún fruto, pues no habrá ángeles vigilándolos, sino banqueros muy tolerantes.Para seguir con la mitología, digamos que Bolivia no es, obvio, ningún paraíso fiscal, pero tampoco es el infierno, que sería la contraparte también mitológica. Las utilidades que han tenido los bancos en los últimos años son la mejor muestra de que nada infernal está sucediendo aquí. Volviendo a los mitos, conviene tener en cuenta que cuando son persistentemente repetidos, a sabiendas de que no son asuntos reales, aparece la “mitomanía”. Con relación a las inversiones privadas “indispensables, vengan de donde vinieran”, encontramos esto: Las historias contadas no son del todo improbables, ya que a menudo tienen algún atisbo de verdad. Las historias no son delirios o una manifestación de la psicosis: si se le presiona, el mentiroso puede llegar a admitir que lo que cuenta no es cierto, aunque de mala gana. La tendencia a mentir es duradera, no es provocada por una situación inmediata o por la presión social sino que más bien se trata de una característica innata de la personalidad. Las historias contadas tienden a presentar al mentiroso de manera favorable. Por ejemplo, la persona puede presentarse a sí misma como alguien increíblemente valiente, sabio o relacionado con gente famosa. Hasta ahí llegamos nosotros. Para mayor análisis sobre estos asuntos, les recomendamos a Pierre Bourdieu y Loic Wacquant, quienes publicaron hace varios años un libro pequeño pero apasionante: “Las argucias de la razón imperialista”. Lectura muy recomendable, especialmente en Cuaresma.


