Algo de historia de nuestro modelo energético
Esa política diseñada para los próximos 20 años, contempló no solamente la atracción de capitales externos para procesos exploratorios y de producción de nuevos reservorios de gas natural, sino que por sus cifras -no superadas diez años después- significó la más alta inversión de...
Esa política diseñada para los próximos 20 años, contempló no solamente la atracción de capitales externos para procesos exploratorios y de producción de nuevos reservorios de gas natural, sino que por sus cifras -no superadas diez años después- significó la más alta inversión de compañías multinacionales en el negocio energético boliviano. Sentó así las bases de un país que empezaba a exportar materia prima (gas al Brasil) y posteriormente exportar LNG (gas natural licuificado) con la buena noticia que en algunos años se empezaría la agregación de valor (industrialización) al gas de manera de convertir a Bolivia en un suplidor de productos acabados de energía al Continente. El proyecto de exportación de LNG a mercados de ultramar implicaba una política de Estado en donde Bolivia participaba como socio del proyecto y sería el primer paso para insertar a Bolivia a esa exclusiva red de países productores de productos gas-químicos, plásticos, urea, fertilizantes, diésel sintético y otros generados a partir del gas, diseñando para ello un proyecto de largo aliento que estuviera en su máxima evolución y desarrollo a mediados de ésta década.En 2003, el noble pueblo de El Alto en particular, y el boliviano en general, azuzado por la mala información, el chauvinismo y el ultra izquierdismo indigenista degeneró en un cruento episodio de confrontación interna, con visos de guerra civil y clara motivación de derribar al gobierno constitucional de ese momento, blandiendo el arma de “no exportar gas ni vender gas a Chile”, sentencia que motivó a miles de bolivianos no sólo a seguir erráticamente esa falsa premisa que únicamente fue utilizada como ardid para derrocar al gobierno constitucional, pero que en el fondo no guardaba ninguna verdad ni técnica, ni económica, ni política.Ahora en 2013, y diez años después, cuando las pasiones sobre el gas natural parecieran que se han calmado, el régimen boliviano ofreció “gas por mar” –o fórmula similar- a Chile, en el marco de la reciente cumbre de presidentes del CELAC (Comunidad de Estados Latino Americanos y del Caribe), ofrecimiento rechazado tajantemente por el presidente de Chile.Hay que recordar que el régimen implementó en Bolivia la “nacionalización” de hidrocarburos, que hasta la fecha no dio los réditos por ellos esperados porque ni siquiera tiene una propia Ley de Hidrocarburos, sino que su impracticabilidad y su inoperancia contrastan con modelos económicos de complementariedad, modernidad, globalidad y competitividad que la industria petrolera y gasista demandan a nivel internacional. Adicionalmente su promesa de “industrialización” tampoco llegó a Bolivia porque nunca estuvo sustentada en una política de estado seria, coherente y de largo plazo.Irónico es que diez años después, todo el Continente latinoamericano está inserto en procesos multinacionales de compra-venta de LNG (que fue repudiado por algunos del actual régimen y otros desinformados en 2003); todo el Continente está armando procesos de integración económica-energética basada en modelos y esquemas de venta de valor agregado en vez de materia prima y todo el Continente reclama apertura y transparencia en modelos de negocios energéticos. Bolivia –y América Latina- está convencida que el gas natural un arma geopolítica poderosa para la integración, no para el chantaje; el gas es una herramienta de complementariedad que seguramente será -estudios técnicos de por medio- el mejor mecanismo para generar procesos de integración con Chile, y con todos los países de la región, porque está demostrado hoy que el gas natural es el primer generador de riqueza para el estado boliviano* MBA. Consultor


