Cuando el gas rico empobrece

De entre esas múltiples variables, destaca la que tiene que ver con la industrialización de ese gas, en todas sus fases, desde convertirlo en energía eléctrica, que tendría ya valor agregado, hasta la más compleja petroquímica, que puede obtener del gas (especialmente cuando es gas...

De entre esas múltiples variables, destaca la que tiene que ver con la industrialización de ese gas, en todas sus fases, desde convertirlo en energía eléctrica, que tendría ya valor agregado, hasta la más compleja petroquímica, que puede obtener del gas (especialmente cuando es gas “rico”) miles de derivados cuyo valor agregado es casi inconmensurable.Es que el gas que produce Tarija es el que el lenguaje petrolero técnico llama “rico”, porque contiene hidrocarburos licuables, que se pueden separar para industrializarlos y obtener esos derivados de alto valor.Pero es precisamente esa separación de los hidrocarburos licuables, la que ya registra una larga historia trágica para Tarija, que tiene que ver con corrupción, con enriquecimiento ilícito y hasta con homicidio y que parece además que terminará en impunidad, porque aún no hay indicios ciertos de que tenga un final feliz. De nada sirve que de vez en cuando se alcen voces denunciando, reclamando o protestando por las  “irregularidades” (hay que llamarlas de alguna manera) relacionadas con el gas tarijeño. Tratarán de silenciarlas atribuyéndoles móviles políticos, como si quienes actúan silenciando escándalos no tuvieran, también, móviles políticos, pero antagónicos.Así se están pasando los meses y se han acumulado ya varios años, plagados de demandas, de acusaciones y de crónica roja judicial y policial, sin que el gas rico enriquezca a quienes teóricamente tienen el derecho legítimo de usufructuarlo y está enriqueciendo, más bien, a corporaciones transnacionales, que operan aquí, extrayendo el gas, o en Brasil, industrializándolo, o finalmente en los paraísos fiscales, donde efectivamente está el “hogar” de casi todas esas corporaciones.De alguna manera dolorosamente paradójica, se repite la historia del estaño, que se extrajo como mineral de las minas bolivianas por miles y miles de toneladas, para fundirlo en Inglaterra o en los Estados Unidos, donde se convertía en verdadera riqueza y los poderes que lo controlaban solo permitieron que se fundiera en Bolivia a la hora nona, es decir cuando en muchos de sus usos con valor agregado  el estaño había sido ya sustituido por plásticos.La amargura adicional es que el gas, como el petróleo, es un recurso natural que se agota y que no es renovable. Por eso, la hora de la petroquímica boliviana, mencionada tercamente desde hace casi medio siglo pero siempre postergada, a veces da la impresión de que no llegará nunca.Por eso, aunque es desagradable ser pesimista, la realidad en el caso del gas “rico” es demasiado terca.


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