Recordando el NOMIC
Por supuesto que Bolivia aparece también en otras informaciones, menos escandalosas, relacionadas con la hoja de coca o con la próxima reunión de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, CELAC, en Santiago de Chile, pero no estamos haciendo juicios de valor, sino limitándonos a...
Por supuesto que Bolivia aparece también en otras informaciones, menos escandalosas, relacionadas con la hoja de coca o con la próxima reunión de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, CELAC, en Santiago de Chile, pero no estamos haciendo juicios de valor, sino limitándonos a lo cuantitativo. Lo de la violación (que además tiene imágenes) “gana” por amplia mayoría.Una rápida revisión con los buscadores especializados en noticias, como Google, nos mostrará que esa información inexcusablemente dañina para el país es la que circula con más profusión, comenzando por el canal internacional CNN, que para millones de personas es emblemático en cuanto a información periodística.La consecuencia es que ese legislador, cuya imagen conoce ahora más de medio mundo, ya tiene casi tanta “fama” como aquel que para conseguirla incendió una biblioteca. Y esa mala fama trasmina a sus “colegas” legisladores y a todo el país, aunque del ahora famoso protagonista del escándalo, como del incendiario, la mayoría no conozca ni el nombre.Lo triste, pero inevitable, es que cualquiera que sea la sanción al violador, ni por casualidad tendrá la divulgación “global” que su vergonzoso comportamiento causó.Este no es un caso excepcional, sino que ya casi se ha convertido en la norma y para recordárnoslo está el caso similar de un directivo del Banco Mundial o el Fondo Monetario, quien estuvo involucrado en un escándalo muy parecido al del “legislador” boliviano.Hace varias décadas, la organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura UNESCO, trató de cambiar esta situación, ocupándose de lo que en su momento llamó Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación, NOMIC, que quedó en nada.El que mejor analiza este asunto es el periodista español Ignacio Ramonet, una de las figuras principales del movimiento antiglobalización y quien en su libro La Tiranía de la Información, dice: “La batalla se perdió. La UNESCO abandonó este debate y dio por buena la idea de que los flujos transfronterizos de información eran una necesidad que venía impuesta por el mercado internacional y por la propia realidad mundial. En definitiva, se admitió que podía aceptarse una especie de «darwinismo» en el campo de la comunicación. Vencían aquellos que habían logrado constituir grupos emisores dominantes: ellos habían conquistado el derecho a emitir y, por tanto, había que aceptar esa realidad como ley de vida. El NOMIC desapareció de las reflexiones; y nadie volvió a hablar durante la década de los ochenta del problema del desequilibrio Norte-Sur”.Estamos de acuerdo con Ramonet. La batalla se perdió. Pero la guerra no ha terminado.


