Homenaje a Alfredo Scott Moreno
Alfredo Scott siempre tuvo el coraje que lo situaba en la verdadera dimensión del hombre. Jamás claudicó de sus principios y luchó por la verdad, por el respeto a la condición humana, por la justicia, abogó por sus colegas sin trabajo, por la independencia de la institución que él,...
Alfredo Scott siempre tuvo el coraje que lo situaba en la verdadera dimensión del hombre. Jamás claudicó de sus principios y luchó por la verdad, por el respeto a la condición humana, por la justicia, abogó por sus colegas sin trabajo, por la independencia de la institución que él, pasito a pasito la construyó con esmero.Volvió de la URSS como un profesional idóneo y pese a los cargos que le ofrecieron en otras ciudades de Bolivia, dijo: Aquí nací, en este pedazo de tierra transcurrió la magia de mi irrepetible niñez, aquí aprendí a amar a los hombres y mujeres de los cuales heredé su sangre y su espíritu. Ahora, de profesional, aquí me quedo para servir a los que sufren y aquí , en esta tierra bendecida, quiero quedarme cuando me torne en harina.Lo que más extrañaba Alfredo cuando vivía en esas tierras de nieve dura y fría que lastimaba la piel. era – según dijo una vez – los veranos de Tarija con su viento dulce, la lluvia sobre los maizales y los campos de alfalfa bajo el sol pesado.Lo conocí cuando apenas adolescente incursionó en el teatro. junto a Maritza Navajas, Olga Palmero, Isabel Cossío, Martha Mostajo, Jaime Terán y César Trigo poníamos en escena producciones de Arthur Miller. Esta capacidad escénica la puso de manifiesto en el corto metraje institucional “Ausencias Negras”, estrenada en noviembre de 2010. También conocí los primeros trabajos literarios. Alfredo tenía una competencia sorprendente para las letras. No sé si dejó algo escrito pero lo que sí sé, es que hasta el fin de sus días vivió acompañado de libros. Era un lector de una voracidad increíble y no sólo le atraían lecturas científicas propias de su especialidad, sino aquellas otras, donde escritores de gran predicamento mostraban la dulzura del paisaje: un arroyito al que la voz de las cigarras le echaba puñados de silencio, u otras obras con dolores anochecidos o soledades sin alivio. Amaba los libros de poemas, aquellos que le permitían reverdecer sus recuerdos.Alfredito, amigo: ¿por qué te fuiste tan pronto, si tenías mucho para dar aun? ¿Qué astro azul esplendente Dios eligió para tu morada?Aquí hay mucho sufrimiento que tú hubieras podido aventar con tus alas de albatros gigante.Hay adolescentes y adultos que el sufrimiento ha hecho trizas el eslabón de seda que los unía al torrente de la vida. Hay mucha gente que vive sin recuerdos, en un mundo de penumbras donde nadie puede penetrar, unos seres que como dijo un poeta “buscan una puerta frente a un muro que no tiene puerta”.Estos y aquellos te necesitan. Sé que nunca podrás volver a tu tierra querida, a los pacientes que día a día reclaman tu voz, tus palabras, tu sabiduría…Alfredito; por eso te ruego que en las noches, cojas hilos de luz de las estrellas para derramarlos en el alma de los que sufren tu ausencia.Paz en tu tumbaTarija, 3 de enero de 2013


