Pare reflexionar hoy y mañana

también “on line”, un rifirrafe que en menos de 24 horas ya tenía ayer casi un centenar de “rebotes” periodísticos en todo el mundo. Por ahora nos limitamos a mencionar el ruidoso asunto, porque la sobreinformación puede ser tan peligrosa como la desinformación a la hora de armar...

también “on line”, un rifirrafe que en menos de 24 horas ya tenía ayer casi un centenar de “rebotes” periodísticos en todo el mundo. Por ahora nos limitamos a mencionar el ruidoso asunto, porque la sobreinformación puede ser tan peligrosa como la desinformación a la hora de armar conceptos.Por supuesto, nada de todo esto es nuevo. Nuestras diferencias con Chile tienen ya 130 años de haberse agudizado, con la Guerra del Pacífico, aunque tampoco comenzaron entonces, sino que llevaban décadas madurando y en ese proceso habría que considerar intereses sectarios de parte y parte, (logias masónicas, entre ellos), así como el inocultable apetito por los recursos naturales, en este caso bolivianos y concretamente el salitre y el guano.  Los recursos cambian constantemente, pero los intereses no.Pero así como es muy importante el espejo retrovisor para conducir un vehículo, no es menos importante el parabrisas y debemos atender a ambos si deseamos armar pensamientos críticos.En este caso, lo que nos preocupa es que en enero debe reunirse en Santiago de Chile la Comunidad de Estados de Latino América y el Caribe, CELAC, y circulan rumores de que Bolivia no asistiría. Habría que ver a quien se le hace el favor y a quien se perjudica con esa inasistencia.En varios procesos integracionistas latinoamericanos, no solamente Chile se han mantenido discretamente al margen, sino que ha actuado abiertamente en contravía, como con su entusiasta participación en la llamada Alianza del Pacífico (con Perú, Colombia y México) que es ostensiblemente  un contrapeso para el evidente crecimiento y fortalecimiento del Mercosur.En eso cavilábamos a propósito  de la primera información que mencionamos al comenzar  este comentario, buscando afinidades entre Chile, Colombia, Estados Unidos e Israel. La única evidente y proclamada hasta el cansancio es la que existe entre Washington y Tel Aviv, pero parecería que nos estuviéramos saliendo del tema.El tema ahora, sin embargo, aunque no nos guste, tiene un inevitable toque global, que no solo tiene que ver con la economía, sino también con la geopolítica.O sea que las “fiestas” de final de año se nos complicaron y ahora tendremos que pasarlas investigando y reflexionando. Ojalá apareciera Julián Assange con algunos Wikileaks relacionados con este asunto, o nos llegara alguna otra luz en este que ya parece un túnel y que esa luz no sea la de un tren que viene.Por lo menos sabemos que no estaremos solos. Ya anunciaron que la próxima semana, en gabinete de ministros, el Poder Ejecutivo resolverá si asistimos el próximo mes a la “Cumbre CELAC-Unión Europea”.Ojalá que tan importantes decisiones para el país no sorprendan a los ministros con la previsible resaca (“chaqui” lo llamamos aquí) de fin de año.Tendremos que estar muy atentos.

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