Alternativa global
En efecto, no es por gusto, como han manifestado varios de los nuevos estadistas regionales, que en un mundo marcado por la bancarrota de los tradicionales centros imperiales de poder, nuestras naciones, ahora en gran parte lideradas por gobiernos de corte popular y progresista, exhiban un...
En efecto, no es por gusto, como han manifestado varios de los nuevos estadistas regionales, que en un mundo marcado por la bancarrota de los tradicionales centros imperiales de poder, nuestras naciones, ahora en gran parte lideradas por gobiernos de corte popular y progresista, exhiban un panorama económico y social satisfactorio, y teja una unidad y una convergencia que, por su escala de integralidad, superan los modelos hasta ahora en marcha en otras partes del orbe. No ha sido, desde luego, obra de un corto lapso de tiempo. Se trata, eso sí, de la consecuencia lógica de una larga historia de luchas, cambios, empeños, anhelos y esfuerzos que provienen, desde las primeras batallas independentistas, hasta la historia más reciente, donde la gesta de combate y resistencia protagonizada por Cuba tiene un sello relevante. De hecho, la Isla fue durante muchos años el baluarte tangible de los anhelos de transformación positiva y radical en América Latina y el Caribe, y en estos nuevos tiempos políticos se cuenta entre los primeros impulsores de la nueva etapa regional. Así, evidencias se dan casi a diario de lo que en materia de avances se constata en esta parte del mundo. La reciente conferencia cumbre del Mercado Común del Sur, MERCOSUR, realizada en Brasil, por ejemplo, constituye una de las muestras más recientes. MERCOSUR, concebido decenios atrás como una simple entidad aduanal, ha devenido a estas alturas, bajo las nuevas autoridades del área, en la quinta fuerza económica mundial, con una población superior a los 275 millones de personas, y un Producto Interno Bruto, PIB, de más 3,3 billones de dólares. Fortalecida además por la activa presencia de Venezuela como nuevo miembro con plenos derechos, y con la solicitud de ingreso de Bolivia y similares intenciones a cuenta de Ecuador, esa entidad se plantea una integración racional, equilibrada y realmente positiva para todos y cada uno de sus asociados, dejando atrás los lastres puramente mercantilistas que le caracterizaron en tiempos de los desafueros neoliberales que sembraron el caos y la pobreza en América Latina, esencialmente entre las décadas del 70 y el 80 del pasado siglo. Ahora la visión es diferente, centrada en el espíritu de verdadera y constructiva unidad que los padres fundadores de nuestras naciones soñaron en medio de la lucha contra el coloniaje. Una vía que se concreta además en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y en la todavía reciente creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, cuya presidencia temporal asumirá en breve la mayor de las Antillas.


