Día de esto y día de lo otro
El 9 de diciembre, por ejemplo, es aniversario de la Batalla de Ayacucho, que, como todos sabemos, fue la derrota decisiva de las fuerzas españolas en América. Eso fue en 1824.Pero este año, la víspera del 9 de diciembre, en Madrid, el presidente del Estado Plurinacional Boliviano, Evo...
El 9 de diciembre, por ejemplo, es aniversario de la Batalla de Ayacucho, que, como todos sabemos, fue la derrota decisiva de las fuerzas españolas en América. Eso fue en 1824.Pero este año, la víspera del 9 de diciembre, en Madrid, el presidente del Estado Plurinacional Boliviano, Evo Morales, visitaba a la re-encauchada monarquía española para presentar sus “saludos diplomáticos”. Ya se ha comentado eso y nos referimos solamente a la curiosa “casualidad”, aunque nosotros creemos que detrás de tales casualidades existen siempre “causalidades”. Pero sigamos.Ayer, 9 de diciembre, era también el Día Internacional de la Corrupción, o mejor “Día Internacional Contra la Corrupción”, como fue instituido por Naciones Unidas hace más de 50 años, pero la corrupción sigue campante, en todo el mundo. Y según algunos estudios inclusive crece.Dediquemos unos párrafos a la corrupción. Se sabe que en los países en los que se perciben altos niveles de corrupción, el ingreso per cápita es menor; la distribución del ingreso es más injusta; hay bajos niveles de inversión extranjera y nacional, así como bajos niveles de crecimiento económico. El grado de desarrollo de un país está relacionado negativamente con los niveles de percepción de la corrupción, por lo que podemos decir que ésta es una de las características del subdesarrollo.La corrupción hace que se destinen recursos públicos a proyectos en los que hay más probabilidades de obtener un beneficio personal, mejor conocidos como “elefantes blancos”, a costa de las prioridades del desarrollo del municipio, del estado o del país. Estos “paquidermos” no solamente alejan recursos de las necesidades reales de inversión, sino que con el afán de lucro, sus promotores suelen transgredir muchas normas, causando pérdidas adicionales para la sociedad y para el ecosistema.El relajamiento en las normas jurídicas promueve la corrupción, favorece el fraude, la evasión fiscal y el crecimiento de economías informales. La corrupción también lastima a los sistemas de vigilancia y de administración de justicia y reduce en general la calidad de los servicios públicos. La corrupción no solamente genera más corrupción, sino que promueve la impunidad y limita la capacidad de los gobiernos para combatirla, creando un círculo vicioso que de no detenerse, puede crecer y volverse incontrolable.De corrupción sí sabemos en Bolivia y tenemos muchos ejemplos. Citemos sólo uno: la planta separadora de hidrocarburos licuables, que ya tiene por lo menos un muerto, un alto funcionario en la cárcel y otros funcionarios cuestionados o demandados. Y todavía no hay planta. De eso nos ocuparemos mañana.Para rematar, hoy es el día Internacional de los Derechos Humanos y de eso también podemos aquí decir mucho. Pero tendrá que ser otro día.


