El valor de la democracia

Se ha vinculado también la palabra democracia a actividades que no tienen nada de democráticas, sino que son francamente “para-gubernamentales”, es decir, actúan a favor de un gobierno sin reconocerse a sí mismas propiamente como gobierno. Es el caso de entidades que llevan el nombre...

Se ha vinculado también la palabra democracia a actividades que no tienen nada de democráticas, sino que son francamente “para-gubernamentales”, es decir, actúan a favor de un gobierno sin reconocerse a sí mismas propiamente como gobierno. Es el caso de entidades que llevan el nombre “democracia”, pero son más bien parte del aparato ideológico gubernamental, como es el caso de USAID, cuyo nombre, en inglés, significa literalmente “ayuda”, que es exactamente lo que menos hacen.En uno de sus libros, llamado “El valor de la democracia” el intelectual indio Amartya Sen nos hace notar que existe la tendencia errónea de “ver la democracia de forma excesivamente restringida y estrecha –exclusivamente en términos electorales- y no como ejercicio de la razón pública”. Este concepto –continúa Sen- es mucho más vasto y rico e incluye la posibilidad de que los ciudadanos participen en el debate político y, con ello, de estar en disposición de influí ren las opciones relativas a los asuntos públicos. Resulta crucial –concluye- apreciar que la democracia tiene demandas que trascienden a la urna electoral.Es pertinente, por eso, reforzar los conceptos del intelectual indio con la definición enciclopédica básica, que dice que “democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. Para no dejar las referencias incompletas, digamos también que Amartya Sen es un filósofo y economista bengalí (de la India), galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1998.Sen dice, de él mismo: «Me defino como un asiático, ciudadano indio, bengalí, de Bangladesh, ciudadano británico, hombre feminista… Tengo, pues, numerosas identidades, siempre en conflicto, pero a veces, según el contexto, una resulta más pertinente. Ante la crisis reciente estoy a favor del estado-providencia y veo argumentos fuertes a favor de la intervención socialista. Pero cuando veo el hambre en Ucrania, o en Corea del Norte, mi identidad es la de querer la libertad contra la opresión. No es una cuestión de identidad, sino de razonamiento. Cuando existe un conflicto, la cuestión que se debe plantear es: ¿qué tengo más razones para hacer? Mi libro (“La idea de justicia”) está consagrado a la razón, al razonamiento privado y al razonamiento público. Porque, al cabo, es el hecho de razonar, y de razonar con los otros, lo que debe determinar nuestras prioridades».Pensar en la democracia, liberándola de su ataduras eurocéntricas y de las tenaces imágenes publicitarias estadounidenses, no es tarea sencilla. Se necesita, como recomienda Sen, mucho razonamiento. “Razonar con los otros es lo que debe determinar nuestras prioridades”.Vale la pena reiterarlo. Es siempre saludable y especialmente cuando estamos reconstituyendo un país, como estamos aún pendientes de hacerlo en Bolivia.

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