Un sistema defectuoso
Porque Stiglitz no solamente es Premio Nobel de Economía, sino catedrático también de economía en la Universidad de Columbia y antes lo fue en otras universidades de reconocido prestigio como Oxford, Yale y Stanford.Pero no solo eso, sino que fue también, durante muchos años, economista...
Porque Stiglitz no solamente es Premio Nobel de Economía, sino catedrático también de economía en la Universidad de Columbia y antes lo fue en otras universidades de reconocido prestigio como Oxford, Yale y Stanford.Pero no solo eso, sino que fue también, durante muchos años, economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial, institución gemela del cuestionado FMI, del cual, entre otras acusaciones directas dice Stiglitz que “tenía dinero para sacar de apuros a los bancos occidentales, pero no para proporcionar alimentos a quien estaba al borde de la inanición”.Esto lo planteaba Stiglitz ya en el 2005, (“Cómo hacer que funcione la globalización”), pero la situación de entonces a la fecha no ha mejorado, sino más bien empeorado y todos los días llegan, no solo de Europa sino también de los Estados Unidos, noticias que lo prueban en forma irrefutable. Vivimos, entonces con un sistema defectuoso de gobernanza global.Gobernanza es un concepto de reciente difusión para designar la eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado, que proporciona a éste buena parte de su legitimidad en lo que a veces se define como una “nueva forma de gobernar” en la globalización del mundo posterior a la caída del muro de Berlín, que puso fin a la “Guerra Fría”.Otro reconocido académico, el profesor Ángel Iglesias, refiriéndose al ejercicio del poder del Estado sostiene que “la legitimidad no se consigue sólo con eficacia y eficiencia, sino que es también fundamental el elemento democrático en el que se subsumen la transparencia, la rendición de cuentas o la participación. La eficacia y la eficiencia son valores propios del utilitarismo económico y de la gestión, aunque, situados en un contexto político, quedan totalmente impregnados de la influencia de la dimensión política. Con todo, las organizaciones públicas se ven abocadas a adoptar estrategias de actuación mediante la incorporación de innovaciones en la acción pública. Ciertamente, estas innovaciones, su forma y contenido, dependen de la coordinación del aparato administrativo con otros actores privados y con los ciudadanos. En gran medida la gobernanza consiste sobre todo en la confluencia y difícil equilibrio entre la eficiencia y la participación democrática”.Esa defectuosa gobernanza, aunque difícil de describir, es inevitable sentirla, ahora, como decíamos, tanto en el nivel global como en el nivel local. Y para no terminar con la misma insoportable densidad, recordemos esa paradoja de que el Premio Nobel parfa economistas no lo haya instituido Federico Nobel, sino el Banco Central de Suecia y que varios de quienes lo han recibido son, como el estadounidense Joseph Stiglitz, precisamente los críticos más irreductibles del sistema bancario globalizado.Del cual otros, con mucha más modestica, siempre tenemos algo que criticar. Como la inaplicable “tasa Tobin”, de la cual nos ocuparemos pronto.O de los 11.000 despidos en una aerolínea gringa, que es también un tema por demás caliente.


