Al comenzar la primavera
Pero vamos a dejar las alusiones románticas usualmente dedicadas a este periodo del año (que en el hemisferio norte coincide con su otoño) porque fue un 21 de septiembre, hace 36 años, precisamente al comenzar la primavera en el sur, cuando en la capital del norte, en Washington, fue...
Pero vamos a dejar las alusiones románticas usualmente dedicadas a este periodo del año (que en el hemisferio norte coincide con su otoño) porque fue un 21 de septiembre, hace 36 años, precisamente al comenzar la primavera en el sur, cuando en la capital del norte, en Washington, fue brutalmente asesinado quien fuera uno de los más leales colaboradores del presidente constitucional chileno Salvador Allende, cuya muerte, resultado de un golpe militar instrumentado precisamente desde Washington, tres años antes, el 11 de septiembre de 1973, ya nos había conmovido a muchos latinoamericanos, tanto a los que soportábamos en nuestros países dictaduras similares a la chilena (en Bolivia la de Hugo Banzer) como a los que tuvimos que apelar al duro oficio del exilio para sobrevivir aquella siniestra e inolvidable “Operación Cóndor”, atropello inaudito a los más elementales derechos humanos, en casi todo un continente, con el eufemismo de una sospechosa “seguridad ciudadana”, cuando los únicos que se sentían inseguros eran los jerarcas de Washington.Con semejante introducción, es obvio que no vamos a ponernos a escribir sobre el amor ni sobre la amistad, “slogans” del mercado en este mes de septiembre, que por lo de Allende, por lo de Letelier, así como por lo de las torres gemelas y este año por lo de Bengasi, ya a muchos nos pone a pensar en todo menos en campos floridos.Si bien a Orlando Letelier ya lo habían tenido confinado, le habían arrebatado su nacionalidad chilena y lo habían sometido a muchos otros vejámenes, el ex ministro de Defensa de Allende todavía no se silenciaba y solo un mes antes de que lo asesinaran había publicado un artículo en una revista estadounidense (The Nation) en el cual denunciaba la “libertad económica y la represión política” en Chile como las dos caras de un mismo modelo, el neoliberalismo, abanderado por Margaret Tatcher y Ronald Reagan, diseñado teóricamente por Milton Friedman y todavía aplicado hoy en varios países, a pesar de sus comprobadas nefastas consecuencias.Decía el artículo de Letelier: “la violación de los derechos humanos, el sistema de brutalidad institucionalizada y la supresión violenta de toda forma de disensión son discutidos (y a menudo condenados) como fenómenos desvinculados o solo indirectamente relacionados con la irrestricta política de “mercado libre”.Ese es uno de los párrafos más elocuentes, pero hace luego referencia al tristemente célebre presidente del Banco Mundial, Robert Mac Namara y a varios otros personajes e instituciones.Unos pocos días después de publicado el artículo, el 21 de septiembre de 1976, una bomba destrozó a Orlando Letelier y a Ronni Karpen, compañera de trabajo en una institución de estudios políticos. Allí, en pleno centro de Washington, donde no estaba ese día comenzando la primavera, sino el otoño, que no es sino el anuncio de que allí el invierno ya se aproxima.Quizás demore, pero con seguridad llegará.


