La identidad nacional
Es que la identidad es algo tan complejo que todavía provoca conflictos conceptuales no solo por asuntos filosóficos, sino también por temas que tienen que ver con el género, la economía, la edad y muchísimos otros cuya sola mención ocuparía más que este modesto espacio.Por eso, vamos a...
Es que la identidad es algo tan complejo que todavía provoca conflictos conceptuales no solo por asuntos filosóficos, sino también por temas que tienen que ver con el género, la economía, la edad y muchísimos otros cuya sola mención ocuparía más que este modesto espacio.Por eso, vamos a tomar solamente un ejemplo, digamos el de Juan Pérez, que es un nombre imaginario pero que bien puede corresponder a un boliviano, de cualquier etnia, además, porque sabemos cómo se “inventaban” nombres para los indígenas en la pila bautismal o en el reclutamiento militar cuando los nombres que tales bolivianos utilizaban no eran considerados “cristianos”.Tenemos, así, muchos compatriotas de ostensible identidad indígena, utilizando nombres europeos, y todo esto aunque el principio de identidad es, junto con el principio de no contradicción y el principio del tercero excluido, una de las leyes clásicas del pensamiento.Pero volvamos al imaginario Juan Pérez, a quien podemos asignarle como segundo apellido digamos Picazú, que suena a Guaraní.Juan Pérez Picazú podría ser guaraní y al mismo tiempo boliviano, o podría ser guaraní-argentino, guaraní-paraguayo o guaraní-brasilero, o de cualquier otra nacionalidad, porque sus padres emigraron antes que él naciera. Para poder continuar, digamos que la identidad nacional es una construcción de nación efectuada por los nacionalismos del siglo XIX en los estados-nación europeos y americanos, y extendida al resto del mundo por los movimientos de resistencia al imperialismo y el colonialismo, y en la segunda mitad del siglo XX por la descolonización y el tercermundismo.En el censo que se avecina por supuesto que habrá que privilegiar la identidad nacional boliviana, frente a otras identidades individuales o identidades colectivas (basadas en la raza, la religión, las clases sociales, la condición sexual, o cualquiera otra).Pero Juan Pérez Picazú es, además, todavía adolescente, no es aún mayor de edad y eso, por cuestiones legales y jurídicas lo hace inimputable o por lo menos diferente a quienes ya tienen mayoría de edad.Como si no tuviéramos ya suficientes conflictos con el imaginario Juan Pérez, imaginemos ahora que es, además, homosexual, es decir, tiene una identidad de género que ya está definida y que día a día reivindica sus derechos especiales. Nos hemos ocupado de un solo caso, un solo individuo, imaginario además, pero con seguridad que dentro de dos meses habrá muchos otros casos, reales y no imaginarios que exigirán respuestas concretas, idóneas, legítimas y por supuesto incuestionablemente legales, de parte de quienes son ya responsables de lo que resulte con el censo del 21 de noviembre.Nada de esto puede tomado a la ligera, porque lo que estará en juego será nada menos que nuestra identidad nacional.Por eso tenemos sobrados derechos para exigir respuestas claras, concretas y además inmediatas.Porque los plazos se cumplen.


