Crónica roja anunciada

La “planta”, entonces, no es sólo una cantaleta nuestra, sino una urgente necesidad, a la cual nunca le prestaron la atención debida.Y hemos escrito el nombre de la imaginaria planta con mayúsculas, porque ya tiene inclusive una figura institucional propia, funcionarios (que imaginamos que...

La “planta”, entonces, no es sólo una cantaleta nuestra, sino una urgente necesidad, a la cual nunca le prestaron la atención debida.Y hemos escrito el nombre de la imaginaria planta con mayúsculas, porque ya tiene inclusive una figura institucional propia, funcionarios (que imaginamos que ganan sueldos) y no nos extrañaría que inclusive se hayan realizado en su nombre contratos, que resultarán pronto tan imaginarios como la planta misma, pero susceptibles de litigios inimaginables.Pero los 12 millones de dólares que Holanda ofreció donar para la construcción de esa planta, no son ni fueron imaginarios y en algún momento, más temprano que tarde, alguien tendrá que rendir cuentas por ellos. Porque al frustrarse la donación holandesa (era donación, no préstamo) esos millones de ahora devaluados dólares estarán perdidos, como si se los hubiesen robado. Y para este tipo de daños al Estado tenemos ya una ley específica: La Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz.Eso, por un lado, pero en forma complementaria (aunque no subalterna) habrá que juzgar también a quienes por no concretar el proyecto de la planta, tan mencionada, pero siempre imaginaria, perjudicaron la salud de cientos y quizás de miles de personas. Y no es todo.Además de las incomodidades y peligros sanitarios que provocan las obsoletas lagunas de oxidación (que debían desaparecer, gracias a la planta) está la cuantiosa desvalorización de esas tierras, que Tarija pudo haber utilizado con fines productivos. Un abogado ingenioso (que los hay, los hay) podría inclusive demandar por esos “valores perdidos”, apelando a la figura de “costos de oportunidad”.Por el programa de televisión que nos volvió a traer el tema, nos enteramos que también una “comisión” viajó al Brasil para ver cómo funcionan las plantas de tratamiento. Felizmente parece que fue sólo al Brasil y no una gira completa por  muchos otros países. De eso también, en su momento, alguien tendrá que rendir cuentas. También allí nos enteramos que la donación holandesa había quedado reducida de más de doce a “solamente” dos millones de dólares. Pero la rendición de cuentas, que algún día llegará, tendrá que ser sobre los doce millones originales. Y  sobre mucho más.Pero parecería que les estuviéramos haciendo el trabajo a los abogados y es justo que ellos también piensen un poco. Porque la avalancha de procesos judiciales que se armará a propósito de la tal planta para tratamiento de aguas residuales, ya está despidiendo peores olores que la laguna en el barrio San Luis. Con lo cual, aquello que comenzó como encomiable proyecto de “desarrollo urbano”, seguramente terminará convirtiéndose en crónica judicial y policial.Se trata, para copiar al maestro Gabo, de una “crónica roja anunciada”.

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