Una orgía anunciada
En su discurso de aceptación, Obama se refirió a algunos asuntos relevantes, como el incremento de impuestos para quienes ganen más de un cuarto de millón de dólares al año, pero fue notorio que omitió otros temas, también muy importantes, como las reformas a las leyes migratorias que, si...
En su discurso de aceptación, Obama se refirió a algunos asuntos relevantes, como el incremento de impuestos para quienes ganen más de un cuarto de millón de dólares al año, pero fue notorio que omitió otros temas, también muy importantes, como las reformas a las leyes migratorias que, si llegara a ganar su rival, Mitt Romney, seguramente se endurecerán, dificultando mucho más lo que para algunos sigue siendo el “sueño americano”, con altas probabilidades de convertirse en pesadilla.Pero en fin, dentro de dos meses los estadounidenses irán a las urnas para decidir cuál de los dos candidatos (que no eligieron ellos, sino un complejo sistema indirecto) gobernará Estados Unidos los próximos cuatro años. Obama no fue muy amplio ni imprevisible con sus propuestas que se propone llevar a cabo en un segundo mandato. Entre ellas, la creación de un millón de puestos de trabajo en cuatro años en la industria manufacturera; doblar la exportación en dos años, reducir a la mitad la importación de petróleo en 2020, reducir a la mitad el crecimiento de las matrículas universitarias, y reducir el déficit más de 4 billones de dólares durante la próxima década. Ese déficit ahora ya está casi en 14 billones de cada vez más devaluados dólares.Ahora viene la recta final, donde, de un modo u otro, legal o ilegalmente, el dinero de las corporaciones intervino siempre en todas las elecciones y en la actuación de los funcionarios electos. La diferencia con la situación actual es que los partidos políticos poseían el control fundamental de los fondos de las campañas electorales. Ahora, por decisión de este año de la Corte Suprema, se crearon los “Super PACs” o Super Political Action Committees” (Super Comités de Acción Política) que pueden hacer gastos ilimitados con fines políticos. Es con éstos (y menos cada vez con los partidos) con los que la lealtad y los vínculos de los candidatos se establecen más fuertemente. Además, ha aumentado el número de dígitos en el monto de las donaciones y la decisión de la Corte Suprema confiere a todo este viciado proceso un respaldo constitucional.Por eso este año, mucho más que nunca, el dinero es el dueño y señor absoluto del proceso electoral estadounidense. Citemos sólo un ejemplo: En junio pasado, el Super PAC “Restore Our Future” (Restaurar Nuestro Futuro) afiliado con la campaña presidencial de Mitt Romney, recaudó más 20 millones de dólares. La mitad de esa suma fue donada por el “zar” de los casinos de Las Vegas, Sheldon Adelson, uno de los hombres más ricos de Estados Unidos y del mundo, quien ha declarado su intención de donar otros 100 millones de dólares en la presente campaña electoral.Ese es uno, sólo uno de los cientos de casos posibles. Si los conociéramos todos, sería, sin duda, material como para toda una orgía anunciada.


