Contra todos los enemigos

Y comenzará también a llegar, seguramente la próxima semana, la abrumadora avalancha mediática sobre aquel tristemente célebre once de septiembre del año 2.001 y aquel otro septiembre, no menos trágico pero mucho menos mencionado por los medios de 1.973. Y habrá que ocuparse de esas...

Y comenzará también a llegar, seguramente la próxima semana, la abrumadora avalancha mediática sobre aquel tristemente célebre once de septiembre del año 2.001 y aquel otro septiembre, no menos trágico pero mucho menos mencionado por los medios de 1.973. Y habrá que ocuparse de esas fechas e inclusive de los reinados de belleza. Y como dicen que el mal camino es mejor andarlo pronto, comencemos:Uno de los relatos más completos, más documentados y más verosímiles sobre los atentados a Nueva York y a Washington, es el que con el título “Contra todos los enemigos” (ISBN 958-704-186-0) publicó en el año 2004 Richard A. Clarke, de quien desde la presentación del libro se dice –sin exagerar- que “su trabajo en la Casa Blanca fue un récord de continuidad”.Es que Clarke, ciudadano estadounidense con probada lealtad a su país, fue “Coordinador del Consejo Nacional de Seguridad en los gobiernos de George H.W Bush (el padre), Bill Clinton y George W. Bush (el hijo). Clarke renunció a su cargo en marzo del año 2003 y lo último que supimos de él es que era profesor en la Universidad de Harvard y presidente de Good Harbor Consulting.Sus treinta y pico años trabajando en la cúspide del gobierno estadounidense (la Casa Blanca) específicamente en funciones de seguridad, le dan al libro de Clarke mucha autoridad. Es imposible pretender resumirlo en un espacio tan limitado como este, pero si podemos transcribir partes del prologo, escrito por él mismo Clarke y donde se refiere a quienes por su labor específica (en el FBI, la CIA o la administración Federal) juran proteger la Constitución de su país “contra todos sus enemigos”.Y dice: “En esta era de amenazas y de cambios, todos debemos renovar nuestra promesa de proteger la Constitución de enemigos extranjeros que puedan hacer objeto de de ataques terroristas a nuestra nación o sus ciudadanos. Esa misión debería ser nuestra máxima prioridad y no las guerras innecesarias para verificar teorías propias, expiar culpas individuales o cumplir venganzas personales”.“También debemos defender la Constitución –continúa Clarke- de todo aquel que utilice la amenaza terrorista contra las libertades que la propia Constitución consagra” Y remata con esta exhortación a la cual sobran comentarios: “Dichas libertades se están viendo socavadas y si en este país se lleva a cabo otro ataque terrorista del mismo impacto y gravedad, se producirán nuevos asaltos a nuestros derechos y libertades civiles”.Y si eso sostiene, por escrito y con su firma, quien estuvo con posiciones de mando durante más de 30 años en la médula misma del sistema de seguridad del gobierno de los Estados Unidos, sería no solo una incalificable grosería, sino un absurdo, contradecirlo. Lo que corresponde es más bien aconsejar su lectura.Y reiterar que sobran los comentarios.

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