¿Creemos en los Milagros?
No pidamos milagros para creer y obrar, eso también los incrédulos sabrán hacerlo.Los verdugos de Jesús, al pie de la cruz, estaban dispuestos a creer en El, si El se hubiera dispuesto a bajar de la cruz.Que no necesitemos milagros para creer y obrar pero que tengamos tanta fe, que merezcamos...
No pidamos milagros para creer y obrar, eso también los incrédulos sabrán hacerlo.Los verdugos de Jesús, al pie de la cruz, estaban dispuestos a creer en El, si El se hubiera dispuesto a bajar de la cruz.Que no necesitemos milagros para creer y obrar pero que tengamos tanta fe, que merezcamos que nos lo haga.Un milagro es un hecho fuera de los normal o sea que sale de las normas de lo natural, es un acontecimiento sobrenatural.¿Por qué los milagros? Son manifestaciones del amor de Dios a los hombres. A lo largo de la historia de la iglesia han ocurrido muchos milagros, sobre todo cuando Jesús curaba a los ciegos, paralíticos, leprosos, etc. Eran señales milagrosas de su amor. Cada día y muchas veces al día, en casi todos los rincones del mundo se produce el mas grande milagro que Dios ha hecho y es el de convertir el pan y el vino en su cuerpo y en su sangre.Generalmente todos los católicos sabemos y creemos, pero no con fe profunda, con la certeza de que Dios se hace presente en cada celebración Eucarística.Nos falta agrandar y fortalecer nuestra fe, solo lo lograremos arrimándonos a la fuente, así como cuando necesitamos calor nos arrimamos al fuego del fogón.Debemos acercarnos a la vertiente, como lo hace el sediento de acercarse al lugar de donde brota el agua viva y fresca, para calmar su sed.Sabemos que todos sin excepciones tenemos sed en el caminar diario, sed de comprensión, sed de consuelo, de cariño, sed de paz y de armonía, sed de perdón, sed de vivir una vida pacífica, sin sobresaltos, sin tantas dificultades, sin tantas batallas, sin tantos tropezones; para enfrentar todo esto con serenidad necesitamos fortaleza, sabiduría, paciencia, con estas armas podemos enfrentar la vida, evadir las piedras del camino con valor y esperanza, entonces acerquémonos a la vertiente de amor que es la Eucaristía aunque nuestro Dios nos parezca un ser lejano, debemos acercarnos a El.A veces hay momentos en que la maraña de las cosas y de los hombres hacen que apenas podamos percibir el sol de la presencia de Dios en nuestras vidas.Hay veces en que las contrariedades, los desconciertos nos nublan los ojos, creemos que estamos solos y perdidos, nos sentimos impotentes para llevar la cruz.Hay ratos a veces muy largos en que, ante el proceder de mucha gente, sentimos un hastío que nos invade y queremos desentendernos de todo y de todos.Hay ratos ¡Cuántos ratos! En que la abulia nos tiende sus jugarretas y creemos que el mundo es conducido al margen de la providencia de Dios, por los políticos, por los sabios, por los técnicos, por los fuertes… y que al resto solo nos queda apoltronarnos en nuestras tiendas, pero no es así, los hombres caminan, pero El Señor nos guía.Ojalá tengamos la cabeza serena y el corazón encendido, la voluntad dócil y los pies prontos, los brazos afanosos y las rodillas dobladas para ser un hijo fiel a su Señor y para ser testimonio ante los hombres que sin saberlo caminan hacia El.


