Sobre causas y efectos

El caso de Julián Assange es emblemático, pero de ninguna manera el único.No había pasado una semana desde que unos burócratas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial alertaran sobre un “posible encarecimiento” de algunos alimentos y ya se sienten los efectos. Aquí, en...

El caso de Julián Assange es emblemático, pero de ninguna manera el único.No había pasado una semana desde que unos burócratas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial alertaran sobre un “posible encarecimiento” de algunos alimentos y ya se sienten los efectos. Aquí, en Bolivia, sin necesidad de ir más lejos, ayer nomas el  Viceministro de Desarrollo Rural y Agropecuario, Víctor Hugo Vásquez, advirtió que “si las empresas envasadoras de aceite no proceden a estabilizar el precio del litro del aceite comestible en 11 bolivianos entonces tomarán acciones como el restringir la exportación de oleaginosas e incluso iniciar acciones penales por agio y especulación”.Hace años la principal materia prima para fabricación de aceites comestibles es la soya, esa misma cuyo cultivo provoca en algunos países hasta “golpes de Estado”, como en el Paraguay y en otros afecta seriamente el medio ambiente porque ya casi en su totalidad la soya que se cultiva (también en Bolivia y en gran escala) es transgénica, es decir, ha sido genéticamente manipulada aunque no se ha investigado suficiente para establecer qué efectos perversos podría tener eso en el medio ambiente y en los organismos humanos.Pero, como decíamos, las noticias vuelan y los especuladores con la soya (llamada también soja) y sus derivados, específicamente el aceite, ya están haciendo de las suyas.Hace algunos días, el analista Darío Aranda se refería a un informe que revela cómo el monocultivo de la soya avanza en Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay, provocando desmontes, concentración de tierras y desalojos. Aranda decía que “la patria grande sojera está conformada por Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay. Los cinco países cuentan con 47 millones de hectáreas con soja transgénica, pilar del modelo de un modelo más amplio: los agronegocios, con alto consumo de agroquímicos y en el cual las principales beneficiarias son empresas transnacionales del agro. Este modelo, con mayor incidencia del capital concentrado y consecuencias sociales y ambientales, se ejecuta en momentos cuando la región tiene gobiernos autodenominados de “izquierda” o “progresistas”.’Esa mención a la Patria Grande involucrándola con la soya y los agronegocios nos dolió a muchos, pero las estadísticas son incuestionables. La soya según el informe mencionado abarca el 66% de la tierra cultivada de Paraguay, el 59% de Argentina, el 35% de la tierra cultivada de Brasil, el 30% de Uruguay y el 24% de Bolivia. Entre los cinco países, el 44% de la tierra cultivada tiene un sólo cultivo: soya y quienes logran utilidades astronómicas con semejante negocio son dos o tres empresas transnacionales, productoras de semillas transgénicas “patentadas” y de los agroquímicos indispensables para el ya casi monstruoso cultivo. Entre esas trasnacionales destaca por su tamaño y por su “agresividad” principalmente Monsanto.Ahí está la causa para que el aceite comestible se encarezca. Tenemos que aprender a buscar las causas y no quedarnos solamente lamentando los efectos. Consejo que también vale para el vice ministro Vásquez.El tema da para largo rato.

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