Reflexiones desde el Cursillo: BELLEZA

Todos los esfuerzos que se realizan para destacar, rectificar y amentar la armonía y la gracia del cuerpo, especialmente del rostro, es un buen resultado pero no completo porque la auténtica belleza viene de dentro, nace del espíritu, es una belleza que atrae, que se siente.Bueno es tener...

Todos los esfuerzos que se realizan para destacar, rectificar y amentar la armonía y la gracia del cuerpo, especialmente del rostro, es un buen resultado pero no completo porque la auténtica belleza viene de dentro, nace del espíritu, es una belleza que atrae, que se siente.Bueno es tener bellos jarrones y floreros a tu disposición, pero no son tan bellos si no tienen flores y están vacíos.Bueno es poseer un buen marco para tu cuadro, pero ¿De qué sirve el marco si no hay cuadro?Bueno es adornar la sala con una lámpara hermosa, pero ¿De qué sirve la lámpara si no  hay luz?Tu cuerpo es tuyo, pero es templo de Dios, no te limites a blanquearlo, cuida su interior porque la mirada del Señor penetra más allá de la fachada.Si pasamos por un hermoso camino, nos invade la tentación de quedarnos a disfrutar del paisaje, olvidándonos del objetivo del viaje; igual la belleza de tu cuerpo es un camino para llegar a la belleza del alma y por la belleza del alma, llegar a Dios;  por eso no te detengas solamente en la belleza de tu cuerpo;  no te quedes en el camino.Nadie puede escapar del extraordinario poder “moldeador” de sus propios pensamientos, de sus emociones, de toda su vida interior, puesto que el alma y el cuerpo forman al ser humano; es por eso que tu rostro es el rostro de tu alma.Vemos rostros francos de mirada y expresión abierta, otros esquivos, impenetrables rostros de “Judas”, otros duros, violentos, agresivos y también vemos rostros que expresan bondad, otros tristeza, alegría, optimismo.¿Hemos pensado alguna vez, que es lo que refleja nuestro rostro?;  si nos damos cuenta que los rostros muestran los indicios del espíritu, para los que saben interpretar, ofrecen la auténtica descripción del alma.Si solamente cuidas en ti la belleza física, lograrás una belleza limitada y vulnerable, si embelleces tu alma, tu belleza podrá acrecentarse hasta lo infinito.¿Y cómo podrás embellecer tu alma? Es dando el primer paso hacia El Señor, diciéndole sí, a lo que El quiere de ti.Es limpiando nuestro interior, barre, saca todo lo negro, lo sucio, lo oscuro; saca todo sentimiento de envidia de resentimiento, de ambición, de odio, echa fuera toda tentación que te quita la paz, esas tentaciones que te pueden hacer caer en los vicios que después se convierten en cadenas que quitan la libertad, porque los vicios esclavizan y afean  nuestra alma; saca con valor esas tentaciones que te conducen a la corrupción, a la traición y a la infidelidad.Podemos cuidarnos y embellecernos desde fuera, pero lo negro y lo podrido de dentro, se trasluce y se siente desde afuera. El gusano que está dentro de una fruta de hermoso aspecto tarde o temprano atraviesa la piel y la podredumbre de adentro sale afuera.¿Por qué hay personas físicamente bellas que te caen pesadas, antipáticas que no te inspiran confianza? ¿y otras físicamente carentes de atractivos, te parecen encantadoras?Porque lo que tienen dentro se trasluce hacia fuera.La madre Teresa de Calcuta daba la impresión de ser una persona frágil e insignificante, era baja de estatura y encorvada por el trabajo, los sacrificios y la artritis; pero acercándose a ella, se advertía su carisma que impresionaba, la pequeña hermanita parecía una reina, una mujer bellísima con un porte solemne, como si tuviera dentro de sí el paraíso en la belleza de su alma.Si observamos el rostro de un niño, nos atrae, nos enternece porque en su carita se trasluce la inocencia de las almas nuevas.Si observamos el rostro de un anciano nos impresiona por su paz y porque su rostro irradia la bondad y la sabiduría que adquirió a través del tiempo, su alma irradia esa belleza a través de su carne marchita ya casi al final del camino..Para ser bella detente: un minuto en el espejo, cinco ante tu alma y quince ante Dios.

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