La Esperanza y el buen humor

Escuche esto: “¡Esperanza… Esperanza! ¿Maypi canqui imilla?, si usted entiende quechua, como muchos que en Bolivia somos mestizos pero no nos quieren “reconocer”, sabrá que quien grita lo anterior no está clamando por ninguna virtud teologal, sino probablemente llamando a una...

Escuche esto: “¡Esperanza… Esperanza! ¿Maypi canqui imilla?, si usted entiende quechua, como muchos que en Bolivia somos mestizos pero no nos quieren “reconocer”, sabrá que quien grita lo anterior no está clamando por ninguna virtud teologal, sino probablemente llamando a una muchacha, cuyo nombre propio es “Esperanza”. Y entonces comprenderá que no importa que casi todo, incluida la esperanza, se haya perdido, porque algo de buen humor quedó. Usémoslo, entonces.El primer censo en Bolivia lo realizó como presidente el mariscal Andrés de Santa Cruz y se nos preguntamos si se habrá identificado como indígena, por el apellido de su madre, Juana Basilia Calahumana, heredera de una familia mestiza, o Santa Cruz por el apellido de su Padre, el maestre de campo José de Santa Cruz y Villavicencio . El mariscal era un mestizo y se sentía parte de esa naciente Patria Grande que muy poco antes había propuesto el Libertador Simón Bolívar. De manera que el primer censo lo organizó el Mariscal de Zepita, en 1.831, sin las complicaciones que ya tiene el que aún no se ha realizado, pero probablemente se hará el próximo 21 de noviembre. Y decimos “probablemente” porque casi hemos perdido la esperanza de que esté bien hecho. Pero no hemos perdido el buen humor. “¡Oh ´tempora, oh mores”! (¡Qué tiempos. Qué costumbres! Dirían los que entienden latín), pero en Bolivia no hay obligación de saber latín, ni quechua, ni ningún otro idioma hablado por las a menudo imaginarias “naciones” originarias.Para seguir con el buen humor, imaginemos cómo reaccionaría con el próximo censo otro presidente boliviano, mucho más reciente y sin nada de la gloria del mencionado Mariscal. Hablemos de Gonzalo Sánchez de Lozada.A ese mandatario, a quien es probable que no le gustara su propio nombre, sus lo llamaban con el diminutivo “Goni”. Los más íntimos llamaban a Goni “Gringo”, que era el apelativo que realmente lo hacía feliz.Lo que para casi todo el mundo es peyorativo (porque en ninguna parte hemos escuchado que digan: “Gringos, come home”, sino exactamente lo contrario: “Gringos go home”) para Goni era un elogio, porque no solamente detestaba el idioma castellano, que hablaba muy mal, sino que juraríamos que pensaba en inglés. Seguramente eso lo hacía sentirse “civilizado” en la absurda categorización que había hecho otro presidente, esta vez argentino, porque ya sería insoportable la vergüenza de que también hubiera sido boliviano: Domingo Faustino Sarmiento.De Sarmiento nos ocuparemos en otro momento, porque era un caso que los que saben de eso llamarían “patológico” y terminemos, más bien, con la genial ironía del honorable indio (no indígena originario, aunque también los hay muy honorables) Mahatma Gandhi.Cuando a Gandhi le preguntamos qué opinaba de la “civilización occidental”, respondió:“Una civilización occidental… no sería mala idea”.Entonces: No perdamos aún la esperanza… ni  el buen humor.

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