Reflexiones desde el Cursillo La Palabra de Dios

La palabra es siempre nueva, es la palabra de doble filo que penetra en la conciencia y no sale vacía, es la que cuestiona a todo aquel que la lee o que la escucha, es la voz de Dios, llamando, exhortando, reclamando, sentenciando, bendiciendo.El uso de la Biblia para los cristianos ha sido...

La palabra es siempre nueva, es la palabra de doble filo que penetra en la conciencia y no sale vacía, es la que cuestiona a todo aquel que la lee o que la escucha, es la voz de Dios, llamando, exhortando, reclamando, sentenciando, bendiciendo.El uso de la Biblia para los cristianos ha sido antiguamente un tabú, casi un pecado, pero hoy las cosas han cambiado, ya no existe el temor de leer la Biblia, mas al contrario se ha comprendido que es una necesidad de todo cristiano de leer y de reflexionar la palabra de Dios. San Pablo anunciaba que la palabra de Dios no está “encadenada”.Hoy los grupos creyentes tienen la Biblia en sus manos, pero no podemos olvidar que todavía nos encontramos como el joven que toma en sus manos el automóvil por primera vez, todavía nos cuesta considerarla nuestra, es decir hecha para cada uno de los que se considera hijo de Dios. Las nuevas experiencias de redescubrimiento de la Biblia nos hacen comprender como esta palabra tiene una carga explosiva que nosotros no nos habíamos imaginado y esto no porque sean palabras mágicas sino porque son palabras verdaderas que penetran hasta el fondo de nuestra conciencia, es una palabra inagotable, en ella encontramos diferentes mensajes porque Dios sigue pronunciándola con expresiones nuevas, actualizada para cada hombre y para cada circunstancia.Pero para que esta palabra pueda liberar toda la fuerza que lleva dentro es necesario:Primero, que el lector o el oyente se ponga realmente en actitud de buscar la verdad, que no tenga miedo de verse juzgado por la palabra, que sea capaz de tomarla como dicha a si mismo y no solo a los demás. Caso contrario no caeremos en la cuenta como pasa Dios por nuestro lado sin que experimentemos la menor sacudida en nuestro espíritu.Cuando se la lea en grupo, que no solo sea leída, sino interpretada por toda la asamblea, no polémica sino creativamente con espíritu penitencial de arrepentimiento y pascual de alegría al mismo tiempo, que sea interpretada por todos, desde el más pequeño hasta el mayor, desde el más instruido hasta el más analfabeto.La palabra es la que tienen que pronunciar aquellos que siempre callan, los que escuchan, los que siempre han tenido que aceptar las palabras de los demás sin poder ofrecer nunca la propia. Dios ha escrito ante todo en el corazón de cada uno, tenemos que descubrir las palabras que llevamos dentro y no sofocarlas con nuestros temores y conveniencias.Muchas veces reaccionamos en contra del sacerdote que nos presenta la palabra sin envolturas y nos cuestiona sobre nuestras actitudes contrarias a la palabra de Dios, pero un sacerdote que endulza y se muestra benevolente para no enojar a la asamblea, está prostituyendo la palabra.Cristo no habló con disimulos cuando les habló a los fariseos, les dijo: “hipócritas, raza de víboras”; aunque no siempre fue duro sino que nos mostró su amor en sus actos, cuando bendecía, perdonaba y sanaba.Tenemos que recibir la palabra sin cadenas en la fe y en el espíritu para que sienta como se traduce en mi vida.

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