Pelar el cobre

El pueblo, que es siempre, en última instancia, el soberano, habla de pelar el cobre cuando un objeto de ese metal, ha recibido una delgada capa de oro, ha sido “bañado en oro”, pero que al menor rasguño muestra lo que es: cobre y no ese metal “precioso”, que los pueblos precolombinos...

El pueblo, que es siempre, en última instancia, el soberano, habla de pelar el cobre cuando un objeto de ese metal, ha recibido una delgada capa de oro, ha sido “bañado en oro”, pero que al menor rasguño muestra lo que es: cobre y no ese metal “precioso”, que los pueblos precolombinos conocían y utilizaban como adorno, antes de que los europeos llegaran a estas tierras dispuestos a matar o a morir por tales metales.Y por supuesto que mataron al inca Atahuallpa  y a miles de congéneres (para los europeos no lo eran) por el oro y por la plata, pero de eso nos ocuparemos en otra oportunidad.Hoy estamos viendo las insólitas maniobras que esos mismos europeos y sus hasta hace poco colonias norteamericanas están haciendo para castigar, cueste lo que cueste, a Julián Assange, el hombre cuyo delito fue hacer conocer públicamente los excesos que estadounidenses y sus aliados cometían en Irak, en Afganistán y de rebote en Guantánamo, o en cualquier otro lugar del mundo sobre el cual pusieran el ojo y en el cual existiera oro, plata, petróleo o cualquier otra cosa que pudieran enriquecerlos.Ese fue el delito de Assange y no los que ahora están inventando y que nunca conmovieron a europeos ni estadounidenses, aunque quienes estuvieran involucrados fueran un presidente como Clinton y una becaria, un presidente del Banco Mundial y una camarera, o hermanos de una célebre familia también presidencial con una actriz de cine y un empoderado dirigente mafioso como Jimmy Hoffa.O una heredera de coronas obsoletas y cursis, llamada Diana.Pero estos ya no son tiempos de Hoffa ni de Enrique Octavo, y menos de su aún más promiscuo padre, Enrique Séptimo, sino de organizaciones sociales que están actuando para que Inglaterra respete lo que hasta el cansancio pregona pero no practica.Con mucha generosidad, el comentarista  Sally Burch decía ayer que “La decisión de Ecuador de conceder el asilo político al fundador de Wikileaks, Julián Assange, anunciada este jueves 16 por el canciller ecuatoriano Ricardo Patiño, ha generado una situación poco común, que refleja, sin duda, la realidad cambiante que se vive en el mundo, donde la pretensión de los países del Norte de ser el ejemplo en derechos humanos se revela cada vez más fragilizada”.Con mucho menos generosidad diríamos nosotros que Inglaterra, esa que en sus tiempos de mayor poder imperial, cuando en sus dominios no se ponía el sol, decidió llamarse Gran Bretaña, está pelando el cobre y que cuando esto pase muchos ya no la recordarán con ese pomposo nombre, sino con el peyorativo adjetivo de britanzuela.Como para recordar al argentino Sarmiento, que separaba en forma maniquea civilización y barbarie, pero con una gran modificación: la barbarie llega de Europa, o como decía el filósofo y escritor francés Voltaire: “ La civilización no suprimió la barbarie; la perfeccionó e hizo más cruel y bárbara. “Bárbaro, por si acaso, no se originó como insulto, sino para identificar a los balbuceantes, es decir a los que hablan como hoy lo está haciendo Inglaterra.

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