Aquel otro 6 de agosto

Con actos cívicos  y ceremonias que muy poco cambian esencialmente de un año a otro.Pero en otro lugar del planeta estaba sucediendo algo que cambiaría el destino de toda la humanidad y marcaría el nacimiento de algo que hasta ahora no nos abandona: el terror nuclear.Porque el 6 de agosto de...

Con actos cívicos  y ceremonias que muy poco cambian esencialmente de un año a otro.Pero en otro lugar del planeta estaba sucediendo algo que cambiaría el destino de toda la humanidad y marcaría el nacimiento de algo que hasta ahora no nos abandona: el terror nuclear.Porque el 6 de agosto de 1.945 el presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, ordenó el lanzamiento de la primera bomba atómica contra la ciudad japonesa de Hiroshima.Son eventos históricos totalmente diferentes, sin ninguna relación excepto el de que haber sucedido en la misma fecha, pero celebrar el uno no puede ni podrá evitar nunca que lamentemos profundamente el otro. Porque como dice una historiadora: ese día (6 de agosto de 1945) “cientos de miles de ciudadanos japoneses fueron volatilizados”… “un infierno les cayó encima a ellos, a sus hijos que todavía no habían nacido, y a los hijos de sus hijos, así como a la tierra, al cielo, al viento, al agua y a todas las criatura que nadan, andan, reptan o vuelan”.No importa que en el Museo Atómico Nacional, en Albuquerque, Estados Unidos, las guías de turismo intenten banalizar la historia vendiendo como recordatorios o “souvenirs” en miniatura en forma de aretes que representan a “Little boy” (muchachito) como llamaron en clave a la bomba lanzada sobre Hiroshima o “Fat man” (gordinflón) a la que lanzaron sobre Nagasaki unos días después.Ni esos nombres afectuosos, ni las miniaturas como “souvenirs”, así como tampoco la imagen del Che Guevara impresa en camisetas, pueden ni podrán nunca hacer olvidar ni banalizar la historia. Estados Unidos logró la rendición rápida e incondicional del Japón utilizando esas bombas, de las cuales es probable que ahora tenga varios centenares almacenadas “preventivamente”. Pero la historia no  es reversible.Y como estamos en esas y aproximándonos a otro septiembre once, pongamos énfasis en esa otra fecha, que siempre recordará la cruel y lamentable masacre provocada por terroristas en el año 2001 en Nueva York y en Washington, pero no hará olvidar que otro once de septiembre, en 1973, también desde Washington se autorizó y se patrocinó el derrocamiento y muerte del presidente chileno elegido democráticamente, Salvador Allende y la posterior sangrienta y larguísima dictadura de Augusto Pinochet, cuyos efectos aún traumatizan a la sociedad chilena.Ni los unos ni los otros son hechos que se pueden ni se podría olvidar nunca. Son ya parte de la historia, que se puede considerar que ahora también está globalizada.Es que no solamente se globalizaron las hamburguesas Mac Donald que, (entre paréntesis) uno de los pocos lugares donde no pudieron imponerse fue en Bolivia. Y por eso, desde aquí, también podemos expresar solidaridad con el pueblo japonés. Y así lo haremos todos los 6 de agosto.

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