Recursos, trabajo y capital
Primero, dejemos establecido que prejuicio o “sesgo”, en el ámbito de cualquier disciplina científica, se denomina al hecho de que alguien haga todo lo posible, ya sea de manera deliberada o por un error involuntario, para que los datos de sus experimentos coincidan con lo que de ellos se...
Primero, dejemos establecido que prejuicio o “sesgo”, en el ámbito de cualquier disciplina científica, se denomina al hecho de que alguien haga todo lo posible, ya sea de manera deliberada o por un error involuntario, para que los datos de sus experimentos coincidan con lo que de ellos se espera.Y comencemos: Primero, en orden de importancia, aunque debería estar el trabajo, porque es un atributo del ser humano, pongamos los recursos, privilegiando los no renovables, por razones obvias: se agotan.Tenemos luego el trabajo, una de las categorías centrales de la sociología, que puede definirse como la ejecución de tareas que implican un esfuerzo físico o mental y que tienen como objetivo la producción de bienes y servicios para atender las necesidades humanas. El trabajo es por tanto la actividad a través de la cual el hombre obtiene sus medios de subsistencia por lo que o bien trabaja para vivir o vive del trabajo de los demás. Esto último es más frecuente.Y tendríamos finalmente el capital, que es para muchos lo primordial, lo superior, lo indispensable, cuando en cualquier análisis económico, el capital es solamente una relación social de producción. Es dinero que se independiza y se vuelve un sujeto autónomo.Los adoradores del capital no quieren, no imaginan siquiera, que ese capital sirva para reproducir recursos, o por lo menos para crear empleos. No. La función esencial, primaria, del capital, es reproducirse él mismo, crecer, dominar. Eso es en una palabra “capitalismo”.Ese orden jerárquico de los elementos divide a las sociedades y provoca inclusive guerras. Sin ir muy lejos, entre nosotros hay quienes se desvelan y se jalan los cabellos porque no ven “inversiones”, que no son sino flujos de capital orientado a reproducirse el mismo.Eso se disfraza se “dora” y se “camufla” de muchas maneras, apoyándose en pomposas instituciones que inclusive califican a las naciones y a los pueblos según su capacidad para “atraer inversiones”. Claro, son instituciones esencialmente capitalistas y le hacen “honor” a su nombre.Hemos llegado a extremos que algunas personas llegan a despreciar a los seres humanos, y los llaman ofensivamente “capital humano”, a los recursos naturales prefieren llamarlos “capital físico”, diferenciándolos artificialmente del “capital financiero”, que sería el dinero propiamente dicho.Y esa, precisamente, es la jerarquización perversa de valores que tiene a la mayoría de la humanidad “indignada” y solo a una ridícula minoría satisfecha y engolosinada. También entre nosotros, hay empresarios-políticos (o políticos-empresarios) lamentándose por las dificultades que supuestamente el Estado le pone a las inversiones de capital, que insistimos, no importa de dónde venga, siempre vendrá, primero, a reproducirse él mismo.El resto es complejidad académica, manejada según el gusto de cada uno. Y sobre gustos no vamos a discutir.


