Cuando se acerca el verano

Ya se habla del “estiaje” o tiempo de sequía, tomando en consideración aspectos técnicos, financieros y hasta políticos. Mejor dicho, ya se dejó de creer que la cuestión del agua era un asunto privativo de San Pedro, que era quien determinaba si llovería o no. Se ha avanzado, cierto,...

Ya se habla del “estiaje” o tiempo de sequía, tomando en consideración aspectos técnicos, financieros y hasta políticos. Mejor dicho, ya se dejó de creer que la cuestión del agua era un asunto privativo de San Pedro, que era quien determinaba si llovería o no. Se ha avanzado, cierto, pero aún hace falta mucho más. Desde la protección efectiva de las “fábricas de agua”, o sea de los bosques, hasta la correcta eliminación de las aguas que ya le han “servido” a las personas, en sus necesidades individuales, familiares o industriales. Es un tema vita y muy complejo, que no se limita a “perforemos un pozo aquí y otro más allá”, como se hacía hace algunos años.No sólo en Bolivia sino en muchos lugares del planeta ya el agua (o la falta de agua) ha provocado verdaderas “guerras”, que no solo pueden repetirse en el futuro, sino incrementarse y volverse más cruentas.Pero no anticipemos y prestémosle más bien atención a lo que en Tarija ya comenzó como un nuevo “Cronograma de dotación del servicio de agua potable” (y alcantarillado), que desde ayer está ocupando a la cooperativa Cosaalt y las juntas vecinales.Pusimos entre paréntesis lo de alcantarillado, porque es común, por la urgencia de dotar de agua potable, descuidar la forma cómo se va a disponer luego de las aguas servidas y son cuestiones inseparables.Y como ya estamos metidos en el tema, comentemos que en una nota periodística reciente (de Alain Muñoz) se asegura que “casi la mitad de latinoamericanos son abastecidos de agua por organizaciones comunitarias. Sus propios usuarios las gestionan democrática y sosteniblemente, “en un modelo que supera la ineficiencia de los Estados y la voracidad de las corporaciones”.De la voracidad de las corporaciones tenemos buena experiencia en Bolivia, pues esa fue, precisamente, la causa para la “guerra del agua” de la década pasada, en Cochabamba, y que podría estar siendo olvidada por algunos y mal aprendida por otros.Dice ese comentario (no lo hemos verificado con fuentes alternas) que 40 millones de latinoamericanos son atendidos por casi 80.000 Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento (OCSAS), y podrían atender otros 18 millones, en un continente con 50 millones de personas sin acceso a agua potable, y 125 millones sin servicio de saneamiento básico.Las estadísticas sobre personas sin esos servicios son verosímiles, aunque podrían ser mayores, pero lo que se debe analizar con especial atención y cuidado es lo esas “80.000 organizaciones comunitarias”, (OCSAS), porque tienen un peligroso tufillo a oeneges, o sea organizaciones no gubernamentales, que aparentemente liberan al Estado de algunas de sus cargas obligatorias, pero acaban desplazándolo y sustituyéndolo, con peligrosos resultados a mediano plazo.Para destacar el trabajo de las OCSAS alguien dijo que “no solamente proveen servicios esenciales de acceso al agua sino ayudan a lograr el auto-gobierno local, lo que después puede aplicarse para resolver otros problemas públicos”.Magnífico, mientras sea verdadera participación comunitaria y no solamente fachada de ONG. Es mejor estar atento.

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