La desconocida minería
Últimamente escuchamos con frecuencia hablar de la minería canadiense, tanto de la que se realiza allá, en Canadá, como de la que controlan empresas mineras transnacionales de origen canadiense.Nos pusimos a investigar (por ahora superficialmente) y encontramos que son las empresas...
Últimamente escuchamos con frecuencia hablar de la minería canadiense, tanto de la que se realiza allá, en Canadá, como de la que controlan empresas mineras transnacionales de origen canadiense.Nos pusimos a investigar (por ahora superficialmente) y encontramos que son las empresas canadienses las punteras de la minería en el mundo. La industria canadiense es la primera en la explotación de cinc, uranio, níquel y potasio; es la segunda en azufre, asbesto, aluminio y cadmio; tercera en cobre y platino; cuarta en oro y quina en plomo. Las transnacionales canadienses tienen intereses en 8,300 propiedades en el mundo, de las cuales 3,400 se encuentran en 100 países. En América Latina y el Caribe, áreas prioritarias para la explotación de minerales, las empresas mineras canadienses tienen la mayor parte de todas las actividades mineras extranjeras, pues detentan más de 1,200 propiedades. En 1998 las mineras canadienses presentaron proyectos de explotación valorados en 4.5 mil millones de dólares, es decir, el 51% de todo el capital minero en el mundo.Controlar esa proporción es de hecho muy importante, pero hay otro aspecto que llama la atención y es que la devastación y la violencia perpetradas por las empresas mineras canadienses han sido ampliamente documentadas y vinculadas con violaciones de los derechos humanos en Guatemala, Perú, Rumania, Filipinas, Honduras, Ecuador, Bolivia, Ghana, Surinam, la República Democrática del Congo, Papua Nueva Guinea, Tanzania, India, Indonesia, Zambia y Sudán. De esa mención a Bolivia nos vinimos a enterar en la publicación de un centro de estudios mexicano. Es probable, pero no completamente seguro, que existan aquí algunos estudios propios sobre el tema, que ameritarían una investigación de mayor profundidad que la que se hace para un comentario periodístico. Es paradójico, porque se han hecho reiteradas críticas hacia las empresas mineras canadienses porque se aprovechan de la poca protección a los derechos humanos en el Sur, pero la destrucción y el desplazamiento de las comunidades indígenas también en Canadá por esas mismas empresas reciben aún menos atención. A manera de ejemplo, en la provincia de Saskatchewan, en tierras del pueblo Deline Dene, se vertieron más de 1.7 millones de toneladas de desechos y residuos radiactivos en el área del Lago Gran Oso que contaminaron todas las fuentes de alimentos del pueblo Dene.En donde más agudos y más notorios se están haciendo este tipo de conflictos es en el Perú y en Colombia, donde ya tienen carácter de problema social. “La dictadura de Alberto Fujimori (1990-2000) impuso una Constitución que arrasó con los derechos económicos, sociales, laborales y ambientales en general, y en particular con los derechos colectivos de los pueblos indígenas (territorio, autodeterminación, consulta y consentimiento previo, libre e informado)”, señala el informe reciente en ese país y en Colombia ya son reiteradas las denuncias de que el principal financiamiento de la violencia no está en el narcotráfico, sino “en la minería clandestina” que seguramente no aparece en ese 51 por ciento que controlan canadienses. O quizás sí.Justifica investigar


